martes, 27 de febrero de 2007

El principio del estado

En el fondo, la conquista no sólo es el origen, es también el fin supremo de todos los Estados grandes o pequeños, poderosos o débiles, despóticos o liberales, monárquicos o aristocráticos, democráticos y socialistas también, suponiendo que el ideal de los socialistas alemanes, el de un gran Estado comunista, se realice alguna vez.




Que ella fue el punto de partida de todos los Estados, antiguos y modernos, no podrá ser puesto en duda por nadie, puesto que cada página de la historia universal lo prueba suficientemente. Nadie negará tampoco que los grandes Estados actuales tienen por objeto, más o menos confesado, la conquista. Pero los Estados medianos y sobre todo los pequeños, se dirá, no piensan más que en defenderse y sería ridículo por su parte soñar en la conquista.




Todo lo ridículo que se quiera, pero sin embargo es su sueño, como el sueño del más pequeño campesino propietario es redondear sus tierras en detrimento del vecino; redondearse, crecer, conquistar a todo precio y siempre, es una tendencia fatalmente inherente a todo Estado, cualquiera que sea su extensión, su debilidad o su fuerza, porque es una necesidad de su naturaleza. ¿Qué es el Estado si no es la organización del poder? Pero está en la naturaleza de todo poder la imposibilidad de soportar un superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la dominación, y la dominación no es real más que cuando le está sometido todo lo que la obstaculiza; ningún poder tolera otro más que cuando está obligado a ello, es decir, cuando se siente impotente para destruirlo o derribarlo. El solo hecho de un poder igual es una negación de su principio y una amenaza perpetua contra su existencia; porque es una manifestación y una prueba de su impotencia. Por consiguiente, entre todos los Estados que existen uno junto al otro, la guerra es permanente y su paz no es más que una tregua.




Está en la naturaleza del Estado el presentarse tanto con relación a sí mismo como frente a sus súbditos, como el objeto absoluto. Servir a su prosperidad, a su grandeza, a su poder, esa es la virtud suprema del patriotismo. El Estado no reconoce otra, todo lo que le sirve es bueno, todo lo que es contrario a sus intereses es declarado criminal; tal es la moral de los Estados.




Es por eso que la moral política ha sido en todo tiempo, no sólo extraña, sino absolutamente contraria a la moral humana. Esa contradicción es una consecuencia inevitable de su principio: no siendo el Estado más que una parte, se coloca y se impone como el todo; ignora el derecho de todo lo que, no siendo él mismo, se encuentra fuera de él, y cuando puede, sin peligro, lo viola. El Estado es la negación de la humanidad.




¿Hay un derecho humano y una moral humana absolutos? En el tiempo que corre y viendo todo lo que pasa y se hace en Europa hoy , está uno forzado a plantearse esta cuestión. Primeramente; ¿existe lo absoluto, y no es todo relativo en este mundo? Respecto de la moral y del derecho: lo que se llamaba ayer derecho ya no lo es hoy, y lo que parece moral en China puede no ser considerado tal en Europa. Desde este punto de vista cada país, cada época no deberían ser juzgados más que desde el punto de vista de las opiniones contemporáneas y locales, y entonces no habría ni derecho humano universal ni moral humana absoluta.




De este modo, después de haber soñado lo uno y lo otro, después de haber sido metafísicos o cristianos, vueltos hoy positivistas, deberíamos renunciar a ese sueño magnífico para volver a caer en las estrecheces morales de la antigüedad, que ignoran el nombre mismo de la humanidad, hasta el punto de que todos los dioses no fueron más que dioses exclusivamente nacionales y accesibles sólo a los cultos privilegiados.




Pero hoy que el cielo se ha vuelto un desierto y que todos los dioses, incluso naturalmente, el Jehová de los judíos, se hallan destronados, hoy sería eso poco todavía: volveríamos a caer en el materialismo craso y brutal de Bismarck, de Thiers y de Federico II, de acuerdo a los cuales dios está siempre de parte de los grandes batallones, como dijo excelentemente este último; el único objeto digno de culto, el principio de toda moral, de todo derecho, sería la fuerza; esa es la verdadera religión del Estado.




¡Y bien, no! Por ateos que seamos y precisamente porque somos ateos, reconocemos una moral humana y un derecho humano absolutos. Sólo que se trata de entenderse sobre la significación de esa palabra absoluto. Lo absoluto universal, que abarca la totalidad infinita de los mundos y de los seres, no lo concebimos, porque no sólo somos incapaces de percibirlo con nuestros sentidos, sino que no podemos siquiera imaginarlo. Toda tentativa de este género nos volvería a llevar al vacío, tan amado de los metafísicos, de la abstracción absoluta.




Lo absoluto de que nosotros hablamos es un absoluto muy relativo y en particular relativo exclusivamente para la especie humana. Esta última está lejos de ser eterna; nacida sobre la tierra, morirá en ella, quizás antes que ella, dejando el puesto, según el sistema de Darwin, a una especie más poderosa, más completa, más perfecta. Pero en tanto que existe, tiene un principio que le es inherente y que hace que sea precisamente lo que es: es ese principio el que constituye, en relación a ella, lo absoluto. Veamos cuál es ese principio.




De todos los seres vivos sobre esta tierra, el hombre es a la vez el más social y el mas individualista. Es sin contradicción también el mas inteligente. Hay tal vez animales que son más sociales que él, por ejemplo las abejas, las hormigas; pero al contrario, son tan poco individualistas que los individuos que pertenecen a esas especies están absolutamente absorbidos por ellas y como aniquilados en su sociedad: son todo para la colectividad, nada o casi nada par sí mismos. Parece que existe una ley natural, conforme a la cual cuanto más elevada es una especie de animales en la escala de los seres, por su organización más completa, tanto más latitud, libertad e individualidad deja a cada uno. Los animales feroces, que ocupan incontestablemente el rango más elevado, son individualistas en un grado supremo.




El hombre, animal feroz por excelencia, es el más individualista de todos. Pero al mismo tiempo –y este es uno de sus rasgos distintivos- es eminente, instintiva y fatalmente socialista. Esto es de tal modo verdadero que su inteligencia misma, que lo hace tan superior a todos los seres vivos y que lo constituye en cierto modo en el amo de todos, no puede desarrollarse y llegar a la conciencia de sí mismo más que en sociedad y por el concurso de la colectividad eterna.




Y en efecto, sabemos bien que es imposible pensar sin palabras: al margen o antes de la palabra pudo muy bien haber representaciones o imágenes de las cosas, pero no hubo pensamientos. El pensamiento vive y se desarrolla solamente con la palabra. Pensar es, pues, hablar mentalmente consigo mismo. Pero toda conversación supone al menos dos personas, la una sois vosotros, ¿quién es la otra? Es todo el mundo humano que conocéis.




El hombre, en tanto que individuo animal, como los animales de todas las otras especies, desde el principio y desde que comienza a respirar, tiene el sentimiento inmediato de su existencia individual; pero no adquiere la conciencia reflexiva de si, conciencia que constituye propiamente su personalidad, más que por medio de la inteligencia, y por consiguiente sólo en la sociedad. Vuestra personalidad más íntima, la conciencia que tenéis de vosotros mismos en vuestro fuero interno, no es en cierto modo más que el reflejo de vuestra propia imagen, repercutida y enviada de nuevo como por otros tantos espejos por la conciencia tanto colectiva como individual de todos los seres humanos que componen vuestro mundo social. Cada hombre que conocéis y con el cual os halláis en relaciones, sean directas sean indirectas, determina más o menos vuestro ser más íntimo, contribuye a haceros lo que sois, a constituir vuestra personalidad. Por consiguiente, si estáis rodeados de esclavos, aunque seáis su amo, no dejáis de ser un esclavo, pues la conciencia de los esclavos no puede enviaros sino vuestra imagen envilecida. La imbecilidad de todos os imbeciliza, mientras que la inteligencia de todos os ilumina, os eleva; los vicios de vuestro medio social son vuestros vicios y no podríais ser hombres realmente libres sin estar rodeados de hombres igualmente libres, pues la existencia de un solo esclavo basta para aminorar vuestra libertad. En la inmortal declaración de los derechos del hombre, hecha por la Convención nacional, encontramos expresada claramente esa verdad sublime, que la esclavitud de un solo ser humano es la esclavitud de todos.




Contienen toda la moral humana, precisamente lo que hemos llamado la moral absoluta, absoluta sin duda en relación sólo a la humanidad, no en relación al resto de los seres, no menos aún en relación a la totalidad infinita de los mundos, que nos es eternamente desconocida. La encontramos en germen más o menos en todos los sistemas de moral que se han producido en la historia y de los cuales fue en cierto modo como la luz latente, luz que por lo demás no se ha manifestado, con mucha frecuencia, más que por reflejos tan inciertos como imperfectos. Todo lo que vemos de absolutamente verdadero, es decir, de humano, no es debido más que a ella.




¿Y cómo habría de ser de otra manera, si todos los sistemas de moral que se desarrollaron sucesivamente en el pasado, lo mismo que todos los demás desenvolvimientos del hombre, incluso los desenvolvimientos teológicos y metafísicos, no tuvieron jamás otra fuente que la naturaleza humana, no han sido sus manifestaciones más o menos imperfectas? Pero esta ley moral que llamamos absoluta, ¿qué es sino la expresión más pura, la más completa, la más adecuada, como dirían los metafísicos, de esa misma naturaleza humana, esencialmente socialista e individualista a la vez?




El defecto principal de los sistemas de moral enseñados en el pasado, es haber sido exclusivamente socialistas o exclusivamente individualistas. Así, la moral cívica, tal como nos ha sido transmitida por los griegos y los romanos, fue una moral exclusivamente socialista, en el sentido que sacrifica siempre la individualidad a la colectividad: sin hablar de las miríadas de esclavos que constituyen la base de la civilización antigua, que no eran tenidos en cuenta más que como cosas, la individualidad del ciudadano griego o romano mismo fue siempre patrióticamente inmolada en beneficio de la colectividad constituida en Estado. Cuando los ciudadanos, cansados de esa inmolación permanente, se rehusaron al sacrificio, las repúblicas griegas primero, después romanas, se derrumbaron. El despertar del individualismo causó la muerte de la antigüedad.




Ese individualismo encontró su más pura y completa expresión en las religiones monoteístas, en el judaísmo, en el mahometanismo y en el cristianismo sobre todo. El Jehová de los judíos se dirige aún a la colectividad, al menos bajo ciertas relaciones, puesto que tiene un pueblo elegido, pero contiene ya todos los gérmenes de la moral exclusivamente individualista.




Debería ser así: los dioses de la antigüedad griega y romana no fueron en último análisis más que los símbolos, los representantes supremos de la colectividad dividida, del Estado. Al adorarlos, se adoraba al Estado, y toda la moral que fue enseñada en su nombre no pudo por consiguiente tener otro objeto que la salvación, la grandeza y la gloria del Estado.




El dios de los judíos, déspota envidioso, egoísta y vanidoso si los hay, se cuidó bien, no de identificar, sino sólo de mezclar su terrible persona con la colectividad de su pueblo elegido, elegido para servirle de alfombra predilecta a lo sumo, pero no para que se atreviera a levantarse hasta él. entre él y su pueblo hubo siempre un abismo. Por otra parte, no admitiendo otro objeto de adoración que él mismo, no podía soportar el culto al Estado. Por consiguiente, de los judíos, tanto colectiva como individualmente, no exigió nunca más que sacrificios para sí, jamás para la colectividad o para la grandeza y la gloria del Estado.




Por lo demás, los mandamientos de Jehová, tal como nos han sido transmitidos por el decálogo, no se dirigen casi exclusivamente más que al individuo: no constituyen excepción más que aquellos cuya ejecución supera las fuerzas del individuo y exige el concurso de todos; por ejemplo: la orden tan singularmente humana que incita a los judíos a extirpar hasta el último, incluso las mujeres y niños, a todos los paganos que encuentren en la tierra prometida, orden verdaderamente digna del padre de nuestra santa trinidad cristiana, que se distingue, como se sabe, por su amor exuberante hacia esta pobre especie humana.




Todos los otros mandamientos no se dirigen más que al individuo; no matarás (exceptuados los casos muy frecuentes en que te lo ordene yo mismo, habría debido añadir); no robarás ni la propiedad ni la mujer ajenas (siendo considerada esta última como una propiedad también); respetarás a tus padres. Pero sobre todo me adorarás a mí, el dios envidioso, egoísta, vanidoso y terrible, y si no quieres incurrir en mi cólera, me cantarás alabanzas y te prosternarás eternamente ante mí.




En el mahometanismo no existe ni la sombra del colectivismo nacional y restringido que domina en las religiones antiguas y del que se encuentran siempre algunos débiles restos hasta en el culto judaico. El Corán no conoce pueblo elegido; todos los creyentes, a cualquier nación o comunidad que pertenezcan, son individualmente, no colectivamente, elegidos de dios. Así, los califas, sucesores de Mahoma, no se llamarán nunca Sión, jefes de los creyentes.




Pero ninguna religión impulsó tan lejos el culto del individualismo como la religión cristiana. Ante las amenazas del infierno y las promesas absolutamente individuales del paraíso, acompañadas de esta terrible declaración que sobre muchos llamados habrá sino muy pocos elegidos, la religión cristiana provocó un desorden, un general sálvese el que pueda; una especie de carrera de apuesta en que cada cual era estimulado sólo por una preocupación única, la de salvar su propia almita. Se concibe que una tal religión haya podido y debido dar el golpe de gracia a la civilización antigua, fundada exclusivamente en el culto a la colectividad, a la patria, al Estado y disolver todos sus organismos, sobre todo en una época en que moría ya de vejez. ¡El individualismo es un disolvente tan poderoso! Vemos la prueba de ello en el mundo burgués actual.




A nuestro modo de ver, es decir según nuestro punto de vista de la moral humana, todas las religiones monoteístas, pero sobre todo la religión cristiana, como la más completa y la más consecuente de todas, son profunda, esencial, principalmente inmorales: al crear su dios, han proclamado la decadencia de todos los hombres, de los cuales no admitieron la solidaridad más que en el pecado; y al plantear el principio de la salvación exclusivamente individual, han renegado y destruido, tanto como les fue posible hacerlo, la colectividad humana, es decir el principio mismo de la humanidad.




No es extraño que se haya atribuido al cristianismo el honor de haber creado la idea de la humanidad, de la que, al contrario, fue el negador más completo y más absoluto. Bajo un aspecto pudo reivindicar este honor, pero solamente bajo uno: ha contribuido de una manera negativa, cooperando potentemente a la destrucción de las colectividades restringidas y parciales de la antigüedad, apresurando la decadencia natural de las patrias y de las ciudades que, habiéndose divinizado en sus dioses, formaban un obstáculo a la constitución de la humanidad; pero es absolutamente falso decir que el cristianismo haya tenido jamás el pensamiento de constituir esta última, o que haya comprendido o siquiera presentido lo que llamamos hoy la solidaridad de los hombres, ni la humanidad, que es una idea completamente moderna, entrevista por el Renacimiento, pero concebida y enunciada de una manera clara y precisa sólo en el siglo XVIII.




El cristianismo no tiene absolutamente nada que hacer con la humanidad, por la simple razón de que tiene por objeto único la divinidad, pues una excluye a la otra. La idea de la humanidad reposa en la solidaridad fatal, natural, de todos los hombres. Pero el cristianismo, hemos dicho, no reconoce esa solidaridad más que en el pecado, y la rechaza absolutamente en la salvación, en el reino de ese dios que sobre muchos llamados no hace gracia más que a muy pocos elegidos, y que en su justicia adorable, impulsado sin duda por ese amor infinito que lo distingue, antes mismo de que los hombres hubiesen nacido sobre esta tierra, había condenado a la inmensa mayoría a los sufrimientos eternos del infierno, y eso para castigarlos por un pecado cometido, no por ellos mismos, sino por sus antepasados primeros, que estuvieron obligados a cometerlo: el pecado de infligir una desmentida a la presciencia divina.




Tal es la lógica sana y la base de toda moral cristiana ¿Qué tienen que hacer con la lógica y la moral humanas?




En vano se esforzarán por probarnos que el cristianismo reconoce la solidaridad de los hombres, citándonos fórmulas del evangelio que parecen predecir el advenimiento de un día en que no habrá más que un solo pastor y un solo rebaño; en que se nos mostrará la iglesia católica romana, que tiende incesantemente a la realización de ese fin por la sumisión del mundo entero al gobierno del papa. La transformación de la humanidad entera en un rebaño, así como la realización, felizmente imposible, de esa monarquía universal y divina no tiene absolutamente nada que ver con el principio de la solidaridad humana, que es lo único que constituye lo que llamamos humanidad. No hay ni la sombra de esa solidaridad en la sociedad tal como la sueñan los cristianos y en la cual no se es nada por la gracia de los hombres, sino todo por la gracia de dios, verdadero rebaño de carneros disgregados y que no tienen ni deben tener ninguna relación inmediata y natural entre si, hasta el punto que les es prohibido unirse para la reproducción de la especie sin el permiso o la bendición de su pastor, pues sólo el sacerdote tiene derecho a casarlos en nombre de ese dios que forma el único rasgo de una unión legítima entre ellos: separados fuera de él, los cristianos no se unen ni pueden unirse más que en él. Fuera de esa sanción divina, todas las relaciones humanas, aun los lazos de la familia, son alcanzados por la maldición general que afecta a la creación; son reprobados la ternura de los padres, de los esposos, de los hijos, la amistad fundada en la simpatía y en la estima recíprocas, el amor y el respeto de los hombres, la pasión de lo verdadero, de lo justo y de lo bueno, la de la libertad, y la más grande de todas, la que implica todas las demás, la pasión de la humanidad; todo eso es maldito y no podría ser rehabilitado más que por la gracia de dios. todas las relaciones de hombre a hombre deben ser santificadas por la intervención divina; pero esa intervención las desnaturaliza, loas desmoraliza, las destruye. Lo divino mata lo humano y todo el culto cristiano no consiste propiamente más que en esa inmolación perpetua de lo humano en honor de la divinidad.




Que no se objete que el cristianismo ordena a los niños a mar a sus padres, a los padres a amar a sus hijos, a los esposos afeccionarse mutuamente. Sí, les manda eso, pero no les permite amarlo inmediata, naturalmente y por sí mismos, sino sólo en dios y por dios; no admite todas esas relaciones actuales más que a condición de que dios se encuentre como tercero, y ese terrible tercero mata las uniones. El amor divino aniquila el amor humano. El cristianismo ordena, es verdad, amar a nuestro prójimo tanto como a nosotros mismos, pero nos ordena al mismo tiempo amar a dios más que a nosotros mismos y por consiguiente también más que al prójimo, es decir sacrificarle el prójimo por nuestra salvación, porque al fin de cuentas el cristiano no adora a dios más que por la salvación de su alma.




Aceptando a dios, todo eso es rigurosamente consecuente: dios es lo infinito, lo absoluto, lo eterno, lo omnipotente; el hombre es lo finito, lo impotente. En comparación con dios, bajo todos los aspectos, no es nada. Sólo lo divino es justo, verdadero, dichoso y bueno, y todo lo que es humano en el hombre debe ser por eso mismo declarado falso, inicuo, detestable y miserable. El contacto de la divinidad con esa pobre humanidad debe devorar, pues, necesariamente, consumir, aniquilar todo lo que queda de humano en los hombres.




La intervención divina en los asuntos humanos no ha dejado nunca de producir efectos excesivamente desastrosos. Pervierte todas las relaciones de los hombres entre sí y reemplaza su solidaridad natural por la práctica hipócrita y malsana de las comunidades religiosas, en las que bajo las apariencias de la caridad, cada cual piensa sólo en la salvación de su alma, haciendo así, bajo el pretexto del amor divino, egoísmo humano excesivamente refinado, lleno de ternura para sí y de indiferencia, de malevolencia y hasta de crueldad para el prójimo. Eso explica la alianza íntima que ha existido siempre entre el verdugo y el sacerdote, alianza francamente confesada por el célebre campeón del ultramontanismo, Joseph de Maistre, cuya pluma elocuente, después de haber divinizado al papa, no dejó de rehabilitar al verdugo; uno era en efecto el complemento del otro.




Pero no es sólo en la iglesia católica donde existe y se produce esa ternura excesiva hacia el verdugo. Los ministros sinceramente religiosos y creyentes de los diferentes cultos protestantes, ¿no han protestado unánimemente en nuestros días contra la abolición de la pena de muerte? No cabe duda que el amor divino mata el amor de los hombres en los corazones que están penetrados de él; tampoco cabe duda que todos los cultos religiosos en general, pero entre ellos el cristianismo sobre todo, no han tenido jamás otro objeto que el sacrificio de los hombres a los dioses. Y entre todas las divinidades de que nos habla la historia, ¿hay una sola que haya hecho verter tantas lágrimas y sangre como ese buen dios de los cristianos o que haya pervertido hasta tal punto las inteligencias, los corazones y todas las relaciones de los hombres entre sí?




Bajo esta influencia malsana, el espíritu se eclipsó y la investigación ardiente de la verdad se transformó en un culto complaciente a la mentira; la dignidad humana se envilecía, el hombre (una palabra ilegible en el original) se convertía en traidor, la bondad cruel, la justicia inicua y el respeto humano se transformaron en un desprecio creyente para los hombres; el instinto de la libertad terminó en el establecimiento de la servidumbre, y el de la igualdad en la sanción de los privilegios más monstruosos. La caridad, al volverse delatora y persecutora, ordenó la masacre de los heréticos y las orgías sangrientas de la Inquisición; el hombre religioso se llamó jesuita, devoto o pietista 'renunciando a la humanidad se encaminó a la santidad' y el santo, bajo la apariencias de una humanidad más (una palabra ilegible en el original), se volvió hipócrita, y con la caridad ocultó el orgullo y el egoísmo inmensos de un yo humano absolutamente aislado que se ama a sí mismo en su dios. Porque no hay que engañarse: lo que el hombre religioso busca sobre todo y lo cree encontrar en la divinidad que ama, es a sí mismo, pero glorificado, investido por la omnipotencia e inmortalizado. También sacó de él muy a menudo pretextos e instrumentos para someter y para explotar el mundo humano.




He ahí, pues la primera palabra del culto cristiano: es la exaltación del egoísmo que, al romper toda solidaridad social, se ama a sí mismo en su dios y se impone a la masa ignorante de los hombres en nombre de ese dios, es decir en nombre de su yo humano, consciente e inconscientemente exaltado y divinizado por sí mismo. Es por eso también que los hombres religiosos son ordinariamente tan feroces: al defender a su dios, toman partido por su egoísmo, por su orgullo y por su vanidad.




De todo esto resulta que el cristianismo es la negación más decisiva y la más completa de toda solidaridad entre los hombres, es decir de la sociedad, y por consiguiente también de la moral, puesto que fuera de la sociedad, creo haberlo demostrado, no quedan más que relaciones religiosas del hombre aislado con su dios, es decir consigo mismo.




Los metafísicos modernos, a partir del siglo XVII, han tratado de restablecer la moral, fundándola, no en dios, sino en el hombre. Por desgracia, obedeciendo a las tendencias de su siglo, tomaron por punto de partida, no al hombre social, vivo y real, que es el doble producto de la naturaleza y de la sociedad, sino el yo abstracto del individuo, al margen de todos sus lazos naturales y sociales, aquel mismo a quien divinizó el egoísmo cristiano y a quien todas las iglesias, tanto católicas como protestantes, adoran como su dios.




¿Cómo nació el dios único de los monoteístas? Por la eliminación necesaria de todos los seres reales y vivos.




Para explicar lo que entendemos por eso, es necesario decir algunas cosas sobre la religión. No quisiéramos hablar de ella, pero en el tiempo que corre es imposible tratar cuestiones políticas y sociales sin tocar la cuestión religiosa.




Se pretendió erróneamente que el sentimiento religioso no es propio más que de los hombres; se encuentran perfectamente todos los elementos constitutivos en el reino animal, y entre esos elementos el principal es el miedo. "El temor de dios 'dicen los teólogos' es el comienzo de la sabiduría". Y bien, ¿no se encuentra ese temor excesivamente desarrollado en todos los animales, y no están todos los animales constantemente amedrentados? Todos experimentan un terror instintivo ante la omnipotencia que los produce, los cría, los nutre, es verdad, pero al mismo tiempo loas aplasta, los envuelve por todas partes, que amenaza su existencia a cada hora y que acaba siempre por matarlos.




Como los animales de todas las demás especies no tienen ese poder de abstracción y de generalización de que sólo el hombre está dotado, no se representan la totalidad de los seres que nosotros llamamos naturaleza, pero la sienten y la temen. Ese es el verdadero comienzo del sentimiento religioso.




No falta en ellos siquiera la adoración. Sin hablar del estremecimiento de alegría que experimentan todos los seres vivos al levantarse el sol, ni de sus gemidos a la aproximación de una de esas catástrofes naturales terribles que los destruyen por millares; no se tiene más que considerar, por ejemplo, la actitud del perro en presencia de su amo. ¿No está por completo en ella la del hombre ante dios?




Tampoco ha comenzado el hombre por la generalización de los fenómenos naturales, y no ha llegado a la concepción de la naturaleza como ser único más que después de muchos siglos de desenvolvimiento moral. El hombre primitivo, el salvaje, poco diferente del gorila, compartió sin duda largo tiempo todas las sensaciones y las representaciones instintivas del gorila; no fue sino a la larga como comenzó a hacerlas objeto de sus reflexiones, primero necesariamente infantiles, darles un nombre y por eso mismo a fijarlas en su espíritu naciente.




Fue así cómo tomó cuerpo el sentimiento religioso que tenía en común con los animales de las otras especies, cómo se transformó en una representación permanente y en el comienzo de una idea, la de la existencia oculta de un ser superior y mucho más poderoso que él y generalmente muy cruel y muy malhechor, del ser que le ha causado miedo, en una palabra, de su dios.




Tal fue el primer dios, de tal modo rudimentario, es verdad, que, el salvaje que lo busca por todas partes para conjurarlo, cree encontrarlo a veces en un trozo de madera, en un trapo, en un hueso o en una piedra: esa fue la época del fetichismo de que encontramos aún vestigios en el catolicismo.




Fueron precisos aún siglos, sin duda para que el hombre salvaje pasase del culto de los fetiches inanimados al de los fetiches vivos, al de los brujos. Llega a él por una larga serie de experiencias y por el procedimiento de la eliminación: no encontrando la potencia temible que quería conjurar en los fetiches, la busca en el hombre-dios, el brujo.




Más tarde y siempre por ese mismo procedimiento de eliminación y haciendo abstracción del brujo, de quien por fin la experiencia le demostró la impotencia, el salvaje adoró sucesivamente todos los fenómenos más grandiosos y terribles de la naturaleza: la tempestad, el trueno, el viento y, continuando así, de eliminación en eliminación, ascendió finalmente al culto del sol y de los planetas. Parece que el honor de haber creado ese culto pertenece a los pueblos paganos.




Eso era ya un gran progreso. Cuanto más se alejaba del hombre la divinidad, es decir la potencia que causa miedo, más respetable y grandiosa parecía. No había que dar más que un solo gran paso para el establecimiento definitivo del mundo religioso, y ese fue el de la adoración de una divinidad invisible.




Hasta ese salto mortal de la adoración de lo visible a la adoración de lo invisible, los animales de las otras especies habían podido, con rigor, acompañar a su hermano menor, el hombre, en todas sus experiencias teológicas. Porque ellos también adoran a su manera los fenómenos de la naturaleza. No sabemos lo que pueden experimentar hacia otros planetas; pero estamos seguros de que la Luna y sobre todo el Sol ejercen sobre ellos una influencia muy sensible. Pero la divinidad invisible no pudo ser inventada más que por el hombre.




Pero el hombre mismo, ¿por qué procedimiento ha podido descubrir ese ser invisible, del que ninguno de sus sentidos, ni su vista han podido ayudarle a comprobar la existencia real, y por medio de qué artificio ha podido reconocer su naturaleza y sus cualidades? ¿Cuál es, en fin, ese ser supuesto absoluto y que el hombre ha creído encontrar por encima y fuera de todas las cosas?

El procedimiento no fue otro que esa operación bien conocida del espíritu que llamamos abstracción o eliminación, y el resultado final de esa operación no puede ser más que el abstracto absoluto, la nada. Y es precisamente esa nada a la cual el hombre adora como su dios.




Elevándose por su espíritu sobre todas las cosas reales, incluso su propio cuerpo, haciendo abstracción de todo lo que es sensible o siquiera visible, inclusive el firmamento con todas las estrellas, el hombre se encuentra frente al vacío absoluto, a la nada indeterminada, infinita, sin ningún contenido, sin ningún límite.




En ese vacío, el espíritu del hombre que lo produjo por medio de la eliminación de todas las cosas, no pudo encontrar necesariamente más que a sí mismo en estado de potencia abstracta; viéndolo todo destruido y no teniendo ya nada que eliminar, vuelve a caer sobre sí en una inacción absoluta; y considerándose en esa completa inacción un ser diferente de sí, se presenta como su propio dios y se adora.




Dios no es, pues, otra cosa que el yo humano absolutamente vacío a fuerza de abstracción o de eliminación de todo lo que es real y vivo. Precisamente de ese modo lo concibió Buda, que, de todos los reveladores religiosos, fue ciertamente el más profundo, el más sincero, el más verdadero.




Sólo que Buda no sabía y no podía saber que era el espíritu humano mismo el que había creado ese dios-nada. Apenas hacia el fin del siglo último comenzó la humanidad a percatarse de ello, y sólo en nuestro siglo, gracias a los estudios mucho más profundos sobre la naturaleza y sobre las operaciones del espíritu humano, se ha llegado a dar cuenta completa de ello.




Cuando el espíritu humano creó a dios, procedió con la más completa ingenuidad; y sin saberlo, pudo adorarse en su dios-nada.




Sin embargo, no podía detenerse ante esa nada que había hecho él mismo, debía llenarla a todo precio y hacerla volver a la tierra, a la realidad viviente. Llegó a ese fin siempre con la misma ingenuidad y por el procedimiento más natural, más sencillo. Después de haber divinizado su propio yo en ese estado de abstracción o de vacío absoluto, se arrodilló ante él, lo adoró y lo proclamó la causa y el autor de todas las cosas; ese fue el comienzo de la teología.




Dios, la nada absoluta, fue proclamado el único ser vivo, poderoso y real, y el mundo viviente y por consecuencia necesaria la naturaleza, todas las cosas efectivamente reales y vivientes, al ser comparadas con ese dios fueron declaradas nulas. Es propio de la teología hacer de la nada lo real y de lo real la nada.




Procediendo siempre con la misma ingenuidad y sin tener la menor conciencia de lo que hacía, el hombre usó de un medio muy ingenioso y muy natural a la vez para llenar el vacío espantoso de su divinidad: le atribuyó simplemente, exagerándolas siempre hasta proporciones monstruosas, todas las acciones, todas las fuerzas, todas las cualidades y propiedades, buenas o malas, benéficas o maléficas, que encontró tanto en la naturaleza como en la sociedad. Fue así como la tierra, entregada al saqueo, se empobreció en provecho del cielo, que se enriqueció con sus despojos.




Resultó de esto que cuanto más se enriqueció el cielo –la habitación de la divinidad-, más miserable se volvió la tierra; y bastaba que una cosa fuese adorada en el cielo, para que todo lo contrario de esa cosa se encontrase realizada en este bajo mundo. Eso es lo que se llama ficciones religiosas; a cada una de esas ficciones corresponde, se sabe perfectamente, alguna realidad monstruosa; así, el amor celeste no ha tenido nunca otro efecto que el odio terrestre, la bondad divina no ha producido sino el mal, y la libertad de dios significa la esclavitud aquí abajo. Veremos pronto que lo mismo sucede con todas las ficciones políticas y jurídicas, pues unas y otras son por lo demás consecuencias o transformaciones de la ficción religiosa.




La divinidad asumió de repente ese carácter absolutamente maléfico. En las religiones panteístas de Oriente, en el culto de los brahamanes y en el de los sacerdotes de Egipto, tanto como en las creencias fenicias y siríacas, se presenta ya bajo un aspecto bien terrible. El Oriente fue en todo tiempo y es aún hoy, en cierta medida al menos, la patria de la divinidad despótica, aplastadora y feroz, negación del espíritu de la humanidad. Esa es también la patria de los esclavos, de los monarcas absolutos y de las castas.




En Grecia la divinidad se humaniza –su unidad misteriosa, reconocida en Oriente sólo por los sacerdotes, su carácter atroz y sombrío son relegados en el fondo de la mitología helénica-, al panteísmo sucede el politeísmo. El Olimpo, imagen de la federación de las ciudades griegas, es una especie de república muy débilmente gobernada por el padre de los dioses, Júpiter, que obedece él mismo los decretos del destino.




El destino es impersonal; es la fatalidad misma, la fuerza irresistible de las cosas, ante la cual debe plegarse todo, hombres y dioses. Por lo demás, entre esos dioses, creados por los poetas, ninguno es absoluto; cada uno representa sólo un aspecto, una parte, sea del hombre, sea de la naturaleza en general, sin cesar sin embargo de ser por eso seres concretos y vivos. Se completan mutuamente y forman un conjunto muy vivo, muy gracioso y sobre todo muy humano.




Nada de sombrío en esa religión, cuya teología fue inventada por los poetas, añadiendo cada cual libremente algún dios o alguna diosa nuevos, según las necesidades de las ciudades griegas, cada una de las cuales se honraba con su divinidad tutelar, representante de su espíritu colectivo. Esa fue la religión, no de los individuos, sino de la colectividad de los ciudadanos de tantas patrias restringidas y (la primera parte de una palabra ilegible)...mente libres, asociadas por otra parte entre sí más o menos por una especie de federación imperfectamente organizada y muy (una palabra ilegible).




De todos los cultos religiosos que nos muestra la historia, ese fue ciertamente el menos teológico, el menos serio, el menos divino y a causa de eso mismo el menos malhechor, el que obstaculizó menos el libre desenvolvimiento de la sociedad humana. La sola pluralidad de los dioses más o menos iguales en potencia era una garantía contra el absolutismo; perseguido por unos, se podía buscar la protección de los otros y el mal causado por un dios encontraba su compensación en el bien producido por otro. No existía, pues, en la mitología griega esa contradicción lógica y moralmente monstruosa, del bien y del mal, de la belleza y la fealdad, de la bondad y la maldad, del amor y el odio concentrados en una sola y misma persona, como sucede fatalmente en el dios del monoteísmo.




Esa monstruosidad la encontramos por completo activa en el dios de los judíos y de los cristianos. Era una consecuencia necesaria de la unidad divina; y, en efecto, una vez admitida esa unidad, ¿cómo explicar la coexistencia del bien y del mal? Los antiguos persas habían imaginado al menos dos dioses: uno, el de la luz y del bien, Ormuzd; el otro, el del mal y de las tinieblas, Ahriman; entonces era natural que se combatieran, como se combaten el bien y el mal y triunfan sucesivamente en la naturaleza y en la sociedad. Pero, ¿cómo explicar que un solo y mismo dios, omnipotente, todo verdad, amor, belleza, haya podido dar nacimiento al mal, al odio, a la fealdad, a la mentira?




Para resolver esta contradicción, los teólogos judíos y cristianos han recurrido a las invenciones más repulsivas y más insensatas. Primeramente atribuyeron todo el mal a Satanás. Pero Satanás, ¿de dónde procede? ¿Es, como Ahriman, el igual de dios? De ningún modo; como el resto de la creación, es obra de dios. Por consiguiente, ese dios fue el que engendró el mal. No, responden los teólogos; Satanás fue primero un ángel de luz y desde su rebelión contra dios se volvió ángel de las tinieblas. Pero si la rebelión es un mal –lo que está muy sujeto a caución, y nosotros creemos al contrario que es un bien, puesto que sin ella no habría habido nunca emancipación social-, si constituye un crimen, ¿quién ha creado la posibilidad de ese mal? Dios, sin duda, os responderán aun los mismos teólogos, pero no hizo posible el mal más que para dejar a los ángeles y a los hombres el libre arbitrio. ¿Y qué es el libre arbitrio? Es la facultad de elegir entre el bien y el mal, y decidir espontáneamente sea por uno sea por otro. Pero para que los ángeles y los hombres hayan podido elegir el mal, para que hayan podido decidirse por el mal, es preciso que el mal haya existido independientemente de ellos, ¿y quién ha podido darle esa existencia, sino dios?




También pretenden los teólogos que, después de la caída de Satanás, que precedió a la del hombre, dios, sin duda esclarecido por esa experiencia, no queriendo que otros ángeles siguieran el ejemplo de Satanás les privó del libre arbitrio, no dejándoles mas que la facultad del bien, de suerte que en lo sucesivo son forzosamente virtuosos y no se imaginan otra felicidad que la de servir eternamente como criados a ese terrible señor.




Pero parece que dios no ha sido suficientemente esclarecido por su primera experiencia, puesto que, después de la caída de Satanás, creó al hombre y, por ceguera o maldad, no dejó de concederle ese don fatal del libre arbitrio que perdió a Satanás y que debía perderlo también a él.

La caída del hombre, tanto como la de Satanás, era fatal, puesto que había sido determinada desde la eternidad en la presciencia divina. Por lo demás, sin remontar tan alto, nos permitiremos observar que la simple experiencia de un honesto padre de familia habría debido impedir al buen dios someter a esos desgraciados primeros hombres a la famosa tentación. El más simple padre de familia sabe muy bien que basta que se impida a los niños tocar una cosa para que un instinto de curiosidad invencible los fuerce absolutamente a tocarla. Por tanto, si ama a los hijos y si es realmente justo y bueno, les ahorrará esa prueba tan inútil como cruel.




Dios no tuvo ni esa razón ni esa bondad, ni esa (una palabra ilegible) y aunque supiese de antemano que Adán y Eva debían sucumbir a la tentación, en cuanto se cometió ese pecado, helo ahí que se deja llevar por un furor verdaderamente divino. No se contenta con maldecir a los desgraciados desobedientes, maldice a toda su descendencia hasta el fin de los siglos, condenando a los tormentos del infierno a millares de hombres que eran evidentemente inocentes, puesto que ni siquiera habían nacido cuando se cometió el pecado. No se contentó con maldecir a los hombres, maldijo con ellos a toda la naturaleza, su propia creación, que había encontrado él mismo tan bien hecha.




Si un padre de familia hubiese obrado de ese modo, ¿no se le habría declarado loco de atar? ¿Cómo se han atrevido los teólogos a atribuir a su dios lo que habrían considerado absurdo, cruel (una palabra ilegible), anormal de parte de un hombre? ¡Ah, es que han tenido necesidad de ese absurdo! ¿Cómo, si no, habrían podido explicar la existencia del mal en este mundo que debía haber salido perfecto de manos de un obrero tan perfecto, de este mundo creado por dios mismo?

Pero, una vez admitida la caída, todas las dificultades se allanan y se explican. Lo pretenden al menos. La naturaleza, primero perfecta, se vuelve de repente imperfecta, toda la máquina se descompone; a la armonía primitiva sucede el choque desordenado de las fuerzas; la paz que reinaba al principio entre todas las especies de animales, deja el puesto a esa carnicería espantosa, al devoramiento mutuo; y el hombre, el rey de la naturaleza, la sobrepasa en ferocidad. La tierra se convierte en el valle de sangre y de lágrimas, y la ley de Darwin –la lucha despiadada por la existencia- triunfa en la naturaleza y en la sociedad. El mal desborda sobre el bien, Satanás ahoga a dios.




Y una inepcia semejante, una fábula tan ridícula, repulsiva, monstruosa, ha podido ser seriamente repetida por grandes doctores en teologías durante más de quince siglos, ¿qué digo?, lo es todavía; más que eso, es oficialmente, obligatoriamente enseñada en todas las escuelas de Europa. ¿Qué hay que pensar, pues, después de eso de la especie humana? ¿Y no tienen mil veces razón los que pretenden que traicionamos aun hoy mismo nuestro próximo parentesco con el gorila?




Pero el espíritu (una palabra ilegible) de los teólogos cristianos no se detiene en eso. En la caída del hombre y en sus consecuencias desastrosas, tanto por su naturaleza como por sí mismo, han adorado la manifestación de la justicia divina. Después han recordado que dios no sólo era la justicia, sino que era también el amor absoluto y, para conciliar uno con otro, he aquí lo que inventaron:




Después de haber dejado esa pobre humanidad durante millares de años bajo el golpe de su terrible maldición, que tuvo por consecuencia la condena de algunos millares de seres humanos a la tortura eterna, sintió despertarse el amor en su seno, ¿y que hizo? ¿Retiró del infierno a los desdichados torturados? No, de ningún modo; eso hubiese sido contrario a su eterna justicia. Pero tenía un hijo único; cómo y por qué lo tenía, es uno de esos misterios profundos que los teólogos, que se lo dieron, declaran impenetrable, lo que es una manera naturalmente cómoda para salir del asunto y resolver todas las dificultades. Por tanto, ese padre lleno de amor, en su suprema sabiduría, decide enviar a su hijo único a la tierra, a fin de que se haga matar por los hombres, para salvar, no las generaciones pasadas, ni siquiera las del porvenir, sino, entre las últimas, como lo declara el Evangelio mismo y como lo repiten cada día tanto la iglesia católica como los protestantes, sólo un número muy pequeño de elegidos.




Y ahora la carrera está abierta; es, como lo dijimos antes, una especie de carrera de apuesta, un sálvese el que pueda, por la salvación del alma. Aquí los católicos y los protestantes se dividen: los primeros pretenden que no se entra en el paraíso más que con el permiso especial del padre santo, el papa; los protestantes afirman, por su parte, que la gracia directa e inmediata del buen dios es la única que abre las puertas. Esta grave disputa continúa aún hoy; nosotros no nos mezclamos en ella.




Resumamos en pocas palabras la doctrina cristiana:




Hay un dios, ser absoluto, eterno, infinito, omnipotente; es la omnisapiencia, la verdad, la justicia, la belleza y la felicidad, el amor y el bien absolutos. En él todo es infinitamente grande, fuera de él está la nada. Es, en fin de cuentas, el ser supremo, el ser único.




Pero he aquí que de la nada –que por eso mismo parece haber tenido una existencia aparte, fuera de él, lo que implica una contradicción y un absurdo, puesto que si dios existe en todas partes y llena con su ser el espacio infinito, nada, ni la misma nada puede existir fuera de él, lo que hace creer que la nada de que nos habla la Biblia estuviese en dios, es decir que el ser divino mismo fuese la nada-, dios creó el mundo.




Aquí se plantea por sí misma una cuestión. La creación, ¿fue realizada desde la eternidad o bien en un momento dado de la eternidad? En el primer caso, es eterna como dios mismo y no pudo haber sido creada ni por dios ni por nadie; porque la idea de la creación implica la precedencia del creador a la criatura. Como todas las ideas teológicas, la idea de la creación es una idea por completo humana, tomada en la práctica de la humana sociedad. Así, el relojero crea un reloj, el arquitecto una casa, etc. En todos estos casos el productor existe al crear (?) el producto; fuera del producto, y es eso lo que constituye esencialmente la imperfección, el carácter relativo y por decirlo así dependiente tanto del productor como del producto.




Pero la teología, como hace por lo demás siempre, ha tomado esa idea y ese hecho completamente humanos de la producción y al aplicarlos a su dios, al extenderlos hasta el infinito y al hacerlos salir por eso mismo de sus proporciones naturales, ha formado una fantasía tan monstruosa como absurda.




Por consiguiente, si la creación es eterna, no es creación. El mundo no ha sido creado por dios, por tanto tiene una existencia y un desenvolvimiento independientes de él –la eternidad del mundo es la negación de dios mismo- pues dios era esencialmente el dios creador.




Por tanto, el mundo no es eterno; hubo una época en la eternidad en que no existía. en consecuencia, pasó toda una eternidad durante la cual dios absoluto, omnipotente, infinito, no fue un dios creador, o no lo fue más que en potencia, no en el hecho.




¿Por qué no lo fue? ¿Es por capricho de su parte, o bien tenía necesidad de desarrollarse para llegar a la vez a potencia efectiva creadora?




Esos son misterios insondables, dicen los teólogos. Son absurdos imaginados por vosotros mismos, les respondemos nosotros. comenzáis por inventar el absurdo, después nos lo imponéis como un misterio divino, insondable y tanto más profundo cuanto más absurdo es.




Es siempre el mismo procedimiento: Credo quia adsurdum.




Otra cuestión: la creación, tal como salió de las manos de dios, ¿fue perfecta? Si no lo fu, no podía ser creación de dios, porque el obrero, es el evangelio mismo el que lo dice, se juzga según el grado de perfección de su obra. Una creación imperfecta supondría necesariamente un creador imperfecto. Por tanto, la creación fue perfecta.




Pero si lo fue, no pudo haber sido creada por nadie, porque la idea de la creación absoluta excluye toda idea de dependencia o de relación. Fuera de ella no podría existir nada. Si el mundo es perfecto, dios no puede existir.




La creación, responderán los teólogos, fue seguramente perfecta, pero sólo por relación, a todo lo que la naturaleza o los hombres pueden producir, no por relación a dios. Fue perfecta, sin duda, pero no perfecta como dios.




Les responderemos de nuevo que la idea de perfección no admite grados, como no los admiten ni la idea de infinito ni la de absoluto. No puede tratarse de más o menos. La perfección es una. Por tanto, si la creación fue menos perfecta que el creador, fue imperfecta. Y entonces volveremos a decir que dios, creador de un mundo imperfecto, no es más que un creador imperfecto, lo que equivaldría a la negación de dios.




Se ve que de todas maneras, la existencia de dios es incompatible con la del mundo. Si existe el mundo, dios no puede existir. Pasemos a otra cosa.




Ese dios perfecto crea un mundo más o menos imperfecto. Lo crea en un momento dado de la eternidad, por capricho y sin duda para combatir el hastío de su majestuosa soledad. De otro modo, ¿para qué lo habría creado? Misterios insondables, nos gritarán los teólogos. Tonterías insoportables, les responderemos nosotros.




Pero la Biblia misma nos explica los motivos de la creación. Dios es un ser esencialmente vanidoso, ha creado el cielo y la tierra para ser adorado y alabado por ellos. Otros pretenden que la creación fue el efecto de su amor infinito. ¿Hacia quién? ¿Hacia un mundo, hacia seres que no existían, o que no existían al principio más que en su idea, es decir, siempre para él?

lunes, 26 de febrero de 2007

El respeto a la libertad y a la dignidad

EL RESPETO A LA LIBERTAD Y A LA DIGNIDAD



Cuando los hombres levantaron las grandes banderas de la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión, en el siglo XVIII, en dos revoluciones casi simultáneas: la americana en 1776 y la francesa en 1789, de la mano de pensadores como Locke, Hobbes,Monstequieu, seguramente no imaginaron que 200 o 250 años más tarde todavía estaríamos hablando con preocupación y con alguna cautela del respeto que se les debe guardar a los símbolos religiosos. Ambas revoluciones fueron laicas.

Es muy importante recordar que las instituciones tanto políticas como civiles, que garantizan la libre expresión de las ideas fueron diseñadas, en las naciones más avanzadas del mundo, en función del intrínseco derecho de todo ser humano a manifestar públicamente sus ideas, sus opiniones o sus creencias sin restricciones ni censuras autoritarias veladas o no.

El siglo XVIII, hijo del humanismo, cambió las reglas milenarias de la relación entre el individuo y el Estado: se empezaba a apostar al hombre como "unidad de medida" de todas las cosas y no como "objeto" y se tendía a desplazar a los dioses -y a los templos alzados en su honor, hacia la órbita de la intimidad o la privacidad de cada persona. Cobraba fuerza la idea de que las catedrales, en el futuro, iban a alzarse cada vez más en la conciencia del ser humano y cada vez menos en los foros sociales y en las plazas públicas. Es decir que aquellos magníficos edificios que llevaron generaciones de humanos en su construcción, para glorificar a un ser supremo, ahora se construirían dentro de la conciencia de cada uno.

Al mismo tiempo, se generalizaba la creencia de que nada había en la Tierra más respetable que la inteligencia humana: ¿cómo imaginar un bien jurídico más digno de protección que la necesidad del hombre de expresar sus ideas por la prensa sin censura previa, como dice sabiamente el texto de nuestra Constitución?

Pero hemos llegado, mal que bien, al siglo XXI y valores religiosos siguen dominando un gran campo de l0s asuntos públicos y sociales.Peor aún: algunos importantes pensadores imaginan la hipótesis de conflicto más grave del mundo de hoy es la que pasa por la diferenciación cultural con trasfondo religioso. Concretamente, vaticinan un choque de civilizaciones difícil de eludir entre el Occidente judeocristiano y el Oriente islámico.

Un dibujo de Mahoma -difundido y reproducido por la prensa del mundo- ha ofendido gravemente la conciencia de millones de musulmanes, por otro lado la prensa de inspiración islámica radical caricaturiza diariamente a personajes judíos o cristianos y Occidente lo toma tal cual es: una caricatura. Como lo había demostrado hace algunos años la sensibilidad precursora de Salman Rushdie, el mundo mantiene viva, en el siglo XXI, la trama de amores y rechazos sobre la cual se tejió la historia grande de las culturas religiosas, básicamente las dos que se enfrentaron encarnizadamente y aún se enfrentan: la judeo-cristiana y la musulmana radical.

Si bien se trata de una señal a la que debe prestarse especial atención, el manido asunto de las caricaturas de Mahoma fue más un hecho político que la herida en la sensibilidad religiosa de un pueblo.Estoy totalmente de acuerdo de que la libertad de expresión no debe ser ejercida en términos que puedan resultar lesivos para los símbolos queridos y entrañables que expresan la identidad de una fe religiosa, cualquiera que sea la raíz geográfica o histórica del pueblo que la profesa, pero también pienso de que los supuestamente ofendidos aprovecharon políticamente la indignación de algunos pocos para transformar un acto de libertad de expresión en un acto de terrorismo.

Nadie debe o puede pedir en este tiempo mecanismos o de censura que hagan peligrar el espléndido legado del siglo XVIII, que consagró la libertad de expresión como valor supremo de las sociedades humanas. Si bien es cierto que hay quienes piensan "de que ese supremo don del hombre no sea ejercido en detrimento de aquellos valores que otros hombres -u otros pueblos- han incorporado a sus vidas como expresión sublime de su cultura y de su fe", nosotros pensamos que es un postura débil, que es tratar de aplacar a una serie de sujetos que piensan que el mundo debe ser tal y como ellos piensan, y lamentablemente para estos "muftíes" e "imanes" el mundo es muchísimo más complejo y rico que rezar 5 veces diarias mirando a la Meca y decir que respetan un código de conducta que han forzado de tal forma, que si Mahoma lo viese hoy no lo reconocería.

Los siglos no pasan en vano. El tiempo enriquece y ahonda las conquistas de los siglos anteriores con nuevas luces , nuevas perspectivas y nuevas ideas. Si aquellos hombres de las revoluciones americana y francesa dieron sus vidas en defensa del derecho de todo hombre a expresar sus ideas -y que ese derecho no debe retroceder en ningún caso ante otros valores públicos o sociales- es necesario que todos extrememos nuestra responsabilidad y nuestros recaudos para que la dignidad humana sea siempre respetada en plenitud y en totalidad, no por el imperio de ninguna ley ni por la decisión autoritaria de ningún gobernante, sino por la firme decisión de todo ser humano de no expresar sus ideas en términos que puedan lastimar los sentimientos íntimos de otros hombres, pero éstas lindas ideas deben ser respetadas por todos: occidentales y musulmanes radicales. ¿Porque de que sirve que un diario de segunda danés haya publicado las mentadas caricaturas y ahora se abstenga de hacerlo, si los periódicos de las zonas islamitas radicales no hacen lo mismo?

Al fin y al cabo, la libertad de expresión nació, históricamente, como suprema manifestación de la dignidad del hombre. No parece legítimo que se la use para dañar la dignidad de otros hombres sean éstos del credo que fuese, su posición política o su postura en el espectro ideológico. Estos hechos, que nos parecen tan elementales a nosotros, son muy difíciles de comprender en pueblos en que el concepto de libertad es desconocido, que el concepto de respeto y dignidad son desconocidos y dónde el más violento y cruel es el que manda, si no mieremos lo que está ocurriendo en Irak, dónde Chíitas y sunníes se están masacrando para ver quien manda; veamos a la Autoridad palestina que ocurre otro tanto entre Habbas y Hammas.

Obras consultadas: Nack-Wägner, J.J.Rousseau, Loke, Hobbes, Montesquieu

Alvaro Kröger

La diplomacia del "mal menor"

La diplomacia del "mal menor"
La clave del éxito, o de un fiasco diplomático, del gobierno norteamericano en América Latina radica en saber si conseguirá distinguir, por un lado, entre los potenciales aliados, con objetivos comunes y en los cuales se puede confiar; y, por otro, entre los amigos aparentes que, con una sonrisa falsa en los labios, despiertan ilusiones y hacen promesas que nunca cumplirán.

Nicholas Burns, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos del gobierno estadounidense, visitó Brasil manifestando la esperanza de que el gobierno Lula asuma su papel de "potencia regional" en América Latina; pueda actuar como mediador con el gobierno Chávez, de Venezuela; y al mismo tiempo sirva como un contrapeso a la influencia chavista en el continente. Burns reconoció que América Latina durante mucho tiempo "quedó al margen de las preocupaciones estadounidenses", y pasó a defender el "multilateralismo", alegando que su gobierno "no puede enfrentar solo todos los problemas" internacionales. Además de la visita de Burns, se espera la llegada de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice y el presidente Lula recibirá la visita del presidente Bush el 9 de marzo, retribuyéndola, en Washington, el 30 de abril.

Lo anterior revela el interés del gobierno norteamericano en transformar al gobierno brasileño en su aliado más importante y confiable del continente sudamericano. La pregunta crucial es si el actual gobierno brasileño merece o no esa confianza.

En relación a los Estados Unidos, el ex embajador brasileño en Washington, Roberto Abdenur -con el conocimiento de causa proveniente del alto cargo diplomático que ocupó durante años, hasta hace muy pocos días- acaba de advertir que el "antinorteamericanismo" es un sentimiento que impregna toda la política exterior de Itamaraty, la influyente cancillería brasileña. Sus declaraciones fueron inmediatamente ratificadas, de manera enfática, por los ex cancilleres Luiz Felipe Lampreia y Celso Lafer. También se hizo pública la existencia, en Itamaraty, de un curso obligatorio de reciclaje ideológico izquerdista, para diplomáticos de carrera, organizado por el secretario general de la cancillería, embajador Samuel Pinheiro Guimarães.

En relación a Venezuela, el gobierno Lula ha adoptado hasta el momento una política contemporizadora y dialogante hacia Chávez, contribuyendo a desmobilizar las naturales preocupaciones de gobiernos vecinos y de sectores importantes de la opinión pública continental, y a desmoralizar a la oposición interna venezolana. Análogamente, la contemporización del gobierno brasileño con el gobierno boliviano, encabezado por el líder indigenista Evo Morales, discípulo de Chávez, ha llegado a límites inimaginables. En realidad, Lula viene cumpliendo con maestría su papel de "moderado útil" al servicio del evochavismo.

Por lo anterior, y por otras razones que podrían exponerse, es legítimo levantar dudas sobre el fundamento de la esperanza norteamericana de que el gobierno brasileño pueda ser un aliado confiable. Una cosa son las relaciones diplomáticas entre gobiernos que poseen ideas diferentes, pero que precisan convivir internacionalmente, establecer relaciones comerciales y políticas, intercambiar puntos de vista, etc. Otra cosa, muy diferente, es confiar en la ayuda de gobiernos que parecen hacer un doble juego y que tienen una notoria trayectoria antinorteamericana.

La clave del éxito, o de un nuevo fiasco del gobierno norteamericano, en América Latina está en saber si conseguirá distinguir, por un lado, entre los potenciales aliados, con objetivos comunes y en los cuales puede confiar; y, por otro, entre los amigos aparentes que, con una sonrisa falsa en los labios, despertan ilusiones y hacen generosas promesas que nunca cumplirán.

En reciente encuesta Latinobarómetro indicó que buena parte de los latinoamericanos se sitúa en posiciones de centro y derecha y que las izquierdas son minoritarias en todos los países, aún cuando mediante subterfugios psicológicos y políticos hayan conseguido llegar al poder por la vía electoral. La constatación de la existencia de un público mayoritario de centro y de derecha debería ser una premisa fundamental de la nueva política de acercamiento del gobierno estadounidense con América Latina, porque abre la posibilidad de una aproximación sobre bases reales y sólidas. Por el bien de las relaciones interamericanas, debería incentivarse las alianzas sólidas con los reales amigos y evitarse la arriesgada diplomacia que privilegia el acercamiento con el "mal menor", supuestamente, para neutralizar al "mal mayor".

Material consultado: Latinobarómetro,The New York Times, The Washington Post. The Miami Herald.



Alvaro Kröger

sábado, 24 de febrero de 2007

La guerra mediática

LA GUERRA MEDIÁTICA



La guerra contra el terrorismo fundamentalista será larga, dura y dolorosa, lo dicen incluso quienes quieren un inmediato retiro de las tropas aliadas de Irak. Es diferente de todas las guerras del pasado ya que estamos en una guerra de 4ª generación y exige una elevada dosis de imaginación e iniciativa. Hace falta innovar y proceder con audacia.

Con audacia viene procediendo el fundamentalismo islámico: no tenía una agenda ni obviamente un plan, pero sí la firmeza de resquebrajar el muro que dificultase su expansión. La simple imagen de un chico tirando una piedra contra un tanque da la impresión de que los "pobres" islamitas son uns santos varones y las tropas aliadas unos salvajes: eso es la guerra de 4ª generación: la guerra mediática, una imagen por 1000 palabras. ¿Alguien ha visto a un soldado americano destripado, sin piernas, o decapitado? NO. Los aliados aún siguen con los conceptos fundamentales de la guerra de 3ª generación: tropas y más tropas, conquista de territorio, control de la población civil, intentar poner órden y democracia, dónde no hubo democracia nunca, dónde el concepto de democracia no es comprendido, dónde lo que se entiende es la brutalidad, la falta de libertad y el control de la población civil por el déspota de turno.
Los primeros wahhabitas llegaron al extremo de profanar la tumba de Mahoma, por considerar que quien la veneraba cometía idolatría; Khomeini quebró la tradición de inmunidad que caracterizaba a las representaciones diplomáticas desde las antiguas ciudades griegas, con su asalto a la embajada norteamericana, cuya ocupación duró 444 días; los talibanes pulverizaron imágenes de Buda, que eran un monumento histórico de la humanidad; clérigos del Hezbollah forzaron los textos sagrados, para autorizar asesinatos suicidas que luego adquirieron vasta aceptación hasta por gobiernos laicos, como el de Saddam Hussein. Esa escalada no tiene límite y podrá alcanzar el alegre uso de las bombas atómicas. El Apocalipsis es un libro del cristianismo que, paradójicamente, lo está convirtiendo en acto concreto la franja de musulmanes que más detesta al cristianismo.

El islam, como ya lo he manifestado hasta el cansancio, es ahora rehén de los fanáticos que parieron el odio y la intolerancia, no la pobreza ni la lógica. Esos fanáticos dañan el mundo y su propia fe. Reproducen el fenómeno que hace media centuria envenenó a Alemania. Recordemos que Hitler y el movimiento nacional-socialista también crecieron bajo la excusa de purgar las humillaciones de 1918 y las injustas penalidades impuestas por la Sociedad de Naciones, de reivindicar el honor nacional mancillado. Lograron que cada alemán tuviese que reconocerse nazi. La opinión pública mundial llegó al absurdo de considerar que, en efecto, todo alemán era nazi, como ahora crece la tendencia a ver en todo musulmán a un terrorista, cuando la realidad es que sólo un 10% aproximadamente tiene esas tendencias. En aquel tiempo, pocos alemanes se atrevieron a desafiar el poder dominante, como ahora pocos musulmanes se atreven a denunciar la psicosis de muchos teócratas. La humanidad no obtuvo inmediato consenso para enfrentar a los nazis, y ahora tampoco lo consigue frente al terrorismo. Pero así como recordamos con admiración a los Thomas Mann y Bertold Brecht, que se atrevieron a pronunciarse contra los criminales que ensangrentaban el mundo , su país y sus conciencias, debemos admirar a los pocos musulmanes que se animan a levantar su voz contra quienes usan su religión para predicar la violencia.

Hechas estas aclaraciones, comentemos un acontecimiento inédito.

En la ciudad de Rosemont, Illinois, tuvo lugar la convención anual de organizaciones islámicas de los Estados Unidos y Canadá. A ella asistió la subsecretaria de Estado, Karen P. Hughes, quien fijó las bases de una original iniciativa: que los musulmanes norteamericanos se ocuparan de difundir información sobre la vida islámica en este país. El gobierno americano puso así en marcha una nueva estrategia diplomática, que incluye un aumento del diálogo interreligioso internacional, intercambio de programas de estudio y conocimiento personal de los diversos líderes. “Nos une el interés común por enfrentar el terror y la violencia, el odio y el crimen que se realizan en nombre de la religión”, dijo a los centenares de dirigentes que escuchaban sus palabras. Añadió: “Debemos aislar y marginar a quienes proponen matar inocentes”. En la conferencia de prensa que ofreció al término del encuentro dijo: “Francamente, ¿quiénes estarían mejor posicionados para hacerlo que muchos de nuestros musulmanes americanos, con amigos y familia en tantos países del mundo?”

Karen Hughes mantuvo, además, reuniones separadas con los dirigentes locales y con una nutrida delegación de Gran Bretaña. En la mayoría de los casos se trataba de gente joven de mente más abierta al diálogo y a las innovaciones, por lo cual el entusiasmo mutuo resultó evidente. Rubina Khan, tesorera de la Asociación de Estudiantes Musulmanes, comentó que la idea del gobierno “es buena, pero no está claro aún qué pasos dar”.

Algunos líderes puntualizaron que les agradó haber sido consultados y reconocieron la existencia de buena voluntad por parte de la administración. Otros destacaron que la subsecretaria no tenía un conocimiento profundo de las angustias que padecen los musulmanes por el exagerado aumento de la vigilancia, que en algunos casos lastima sus derechos civiles.El asunto es que los musulmanes americanos desconocen totalmente lo que es vivir en un sistema totalitario, están acostumbrados a las libertades y a acogerse a la Cosntitución y las leyes. Karen Hughes reconoció, por su parte, que cuando algunos estudiantes le contaron su miedo de hablar por los teléfonos celulares, “eso le estremeció el corazón, porque no le debe suceder a ningún americano”. Ibrahim Abdul-Matin, de California, dijo que ella deberá enfrentar el prejuicio antiislámico de varios periodistas, prejuicio que trasciende al exterior y aumenta la mala imagen de los Estados Unidos.

Pero lo destacable es que varios líderes musulmanes consideraron más urgente reparar la imagen del mismo islam que la de los Estados Unidos. Los atentados de Madrid y Londres han causado tanto daño a los musulmanes como a las víctimas directas del masivo crimen. Como éstas fueron palabras poco frecuentes, deben subrayarse porque evocan retumbantes expresiones de Thomas Mann y Bertold Brecht en medio de aquella locura asesina que tanto se parece a la actual.

Además, la Islamic Society of Scholars publicó un folleto en el que asegura que su fe no acepta el terrorismo ni tolera los actos de violencia contra otras religiones, ni siquiera simpatiza con el extremismo religioso. Respaldó las afirmaciones del texto con numerosos versículos del Corán. “Nuestra publicación no fue hecha para ser políticamente correctos –insiste Kareem Irfan, miembro del directorio y uno de los redactores–, sino por nuestra convicción apasionada de que el verdadero mensaje del islam necesita ser difundido y separado de aquellos que manchan nuestra fe de un modo horrible e innecesario.”

Como era de esperar, no existe aún consenso. El imán Warith Deen consideró que “las intenciones del folleto son aceptables, pero muchos de sus redactores son inmigrantes que ansían ser aceptados en los Estados Unidos”. Quizá su postura se deba a que hace dos años le prohibieron seguir ejerciendo como capellán en Nueva York por haber elogiado los atentados del 11 de Septiembre, aunque él insiste en que lo interpretaron de manera equivocada.(sic)

Durante los diálogos con la subsecretaria Hughes, se recordó que el terrorismo ya había sido condenado por teólogos y eruditos islámicos de Australia, Canadá y el Reino Unido. Dos meses antes, el rey Abdullá II de Jordania congregó, en Amman, a religiosos moderados. El monarca fue directo: “No importa cuántos insultos y ofensas hayamos sufrido los musulmanes, porque nada justifica matar inocentes de cualquier religión o nacionalidad”.

Estas voces son las que de veras romperán los prejuicios contra el islam que han surgido en Occidente. También en la época del nazismo era más fecundo que los mismos alemanes se rebelaran contra sus líderes enajenados a que otros asegurasen que no todo alemán era un nazi.

Hay quienes pregonan seducir a los musulmanes con espejitos de colores, pero no se pretende alejarlos de su fe ni de su milenaria cultura, ni a engañarlos con falsedades, sino a convencerlos de que en Occidente no existe una guerra contra su fe, sino contra sus enloquecidos fundamentalistas, a quienes ellos mismos tienen que repudiar con ­más intensidad, con más frecuencia y menos rodeos.

Así como los musulmanes exigen que se combata el prejuicio antiislámico, millones de musulmanes deben combatir su propio prejuicio contra Occidente. Occidente, a la inversa de lo que innumerables musulmanes martillan en sermones, panfletos e Internet, no es sólo las cruzadas, el colonialismo y la perversión moral, Occidente es muchísimo más que eso; es la cuna de la libertad, de la democracia, de la tolerancia, de la cultura.
Los musulmanes norteamericanos y de otros países deben hacer saber a sus hermanos que no hay odio estructural contra el islam ni deseos de aniquilarlo, excepto en minorías. Deberían comunicar el respeto y la curiosidad que existe por la civilización islámica desde hace siglos; deberían admirar las exposiciones y hasta museos que han sido dedicados a expandir sus frutos en un número y calidad que supera todo lo que pueda mostrarse desde los mismos países musulmanes. Deberían informar que una de las obras cumbres de la literatura universal, Las mil y una noches, se ha estudiado más en Occidente que en cualquier país árabe. Averroes es un filósofo que se cita con admiración y gratitud. No hay historia del mundo que no dedique párrafos de encomio a los tres siglos de dorada convivencia que auspició el islam en Al Andalus. Los autores de los países musulmanes son traducidos sin prevención alguna; un egipcio recibió el Premio Nobel. Los científicos y académicos musulmanes son bienvenidos en cualquier centro de estudio con sólo mostrar sus credenciales. Decenas de millones de musulmanes viven ahora en Europa y toda América y gozan de los mismos derechos que los cristianos y judíos, con absoluta libertad para construir mezquitas, centros culturales y enseñar su religión y tradiciones. Nada perturba la autoestima de un musulmán. Es decir, nada la perturbó hasta que empezaron las agresiones fundamentalistas.

Seguro que incomoda el planteo inverso, pero corramos el riesgo de no callarlo: ¿cuántos autores occidentales son traducidos al árabe?; ¿cuántos films occidentales han sido prohibidos en sus países?; ¿cuántas iglesias y sinagogas fueron incendiadas?; ¿cuánta prédica de odio sopla como viento fétido en millares de madrazas y mezquitas? Hiere enterarse de que los dos libros occidentales más leídos en el mundo musulmán son Los protocolos de los sabios de Sión y Mi lucha, que, además de rabiosamente antisemitas, inculcan una paranoide visión conspirativa de los acontecimientos.

En Barcelona se ha inaugurado una ambiciosa exposición sobre la mirada que tiene el Este sobre el Oeste, con raudales de elogios en la prensa norteamericana. El Este sería el mundo islámico. Ofrece materiales asombrosos, como el relato de un viajero del siglo XII que describe perplejo a Europa –un Marco Polo al revés– y cuenta sobre un curioso príncipe llamado “Papa”. La rica exposición ha sido montada por musulmanes que viven en Europa; ¿la hubieran hecho con la misma apertura mental desde el mundo islámico profundo? Aunque suene agresivo –no lo es– existe un desbalance que produce vértigo: enorme curiosidad y buena disposición hacia el islam en Occidente, contra poca o nula curiosidad hacia Occidente en el vasto mapa musulmán. Los occidentales somos, axiomáticamente, enemigos jurados....aunque los omeyas nos hubiesen dado flor de paliza en las cruzadas al punto de tener que retirarnos de todos lados, menos un pequeño grupo de sacerdotes que se quedó y aún está en Jerusalem.

Seducir o inducir a los musulmanes significa invitarlos a enterarse de que en Occidente también hay virtudes, respeto y fuertes ansias de armonía universal, por lo menos en la mayoría de sus habitantes. Por eso no ocultamos la expectativa que ha despertado el acuerdo entre la subsecretaria Karen Hughes y los más importantes líderes musulmanes de los Estados Unidos y Canadá.

Autores consultados: Pipes,Th. Mann,Brecht, Hughes, The Washington Post, Times

Alvaro Kröger

La historia más antigua del mundo es la más actual

LA HISTORIA MÁS ANTIGUA DEL MUNDO ES LA MÁS ACTUAL
O la inmutabilidad de nuestros sentimientos



Un milenio antes de que empezaran a escribirse la Biblia y la Ilíada fue tomando forma el más antiguo poema épico de la humanidad, que reúne una impresionante sabiduría. Permaneció sepultado durante milenios en el norte de Irak, cerca de Mosul, donde había existido la borrada ciudad de Nínive, capital de Asiria. Hace pocas semanas apareció una nueva versión en inglés de ese largo poema, que aprovecha y supera todas las anteriores, con reflexiones agudas,actuales y conmovedoras. El trabajo lleva la firma del poeta, traductor e investigador Stepen Mitchell, que ha recibido la aprovación del severo crítico Harold Blum.

Se trata del fabuloso Gilgamesh, padre de todos los héroes, anterior a Hammurabi y su trascendental y moderno código. Se calcula que vivió hace 4750 años y que su vida se transmitió de boca en boca hasta que unos sacerdotes la escribieron en tabletas de arcilla siglos después. Como toda gran obra literaria, navega por los tiempos y nos cuenta asuntos que conciernen a nuestra realidad contemporánea. Se refiere al poder y el miedo, el abuso y la clemencia, la amistad y el amor, el deseo de inmortalidad y la conciencia y patencia de la muerte, el dolor de la violencia y los beneficios de la concordia. Gilgamesh es héroe y antihéroe, semidivino y humano; a lo largo de sus vivencias, conoce el vértigo de la arrogancia y la nobleza de la resignación.

Un viajero inglés de nombre Austen Henry Layard, cruzaba los ríos Eufrates y Tigris rumbo a Ceilán cuando escuchó que bajo ciertas colinas yacían escombros de palacios antiguos. Decidió investigar y en 1844 inició las excavaciones que devolvieron a la luz porciones de la olvidada Nínive. Con creciente perplejidad abrió fastuosos corredores y salas de los palacios cuyas paredes brillaban con los colores de leones alados, demonios y deidades azules, combates multitudinarios, cacerías y doradas ceremonias reales. Su asombro no tuvo límites al descubrir bibliotecas atiborradas de plaquetas de arcilla con una escritura desconocida, porque las letras eran cuñas excavadas en diferentes direcciones. Reunió más de 25.000 tabletas y las mandó al Museo Británico. Doce años más tarde logró descifrarse la escritura cuneiforme y se supo que los textos pertenecían al idioma acadio, antiguo pariente del hebreo y el árabe. Hacia fines del siglo, un joven y fanático curador llamado George Smith leyó en una de las tabletas el relato de un diluvio que confirmaba la versión bíblica de Noé. Escribió: "Mi ojo captó que el barco quedó fijado en la montaña de Nizir y que se mandó una paloma para saber si ya tenía donde posarse; ¡descubrí la versión caldea del Diluvio!". Para la sociedad victoriana, era una noticia sensacional que demostraba la verdad histórica de la Biblia. Smith gritó que era el primer hombre en leer semejante texto después de más de dos mil años de olvido; saltaba y corría en torno a la mesa donde había ordenado las maravillosas tabletas y en su excitación empezó a quitarse la ropa.Como se podrá ver es para consumo de la crédula y muy impresionable cultura victoriana a la cual pertenecía el curador del Museo Británico. Dice Mitchell que no se sabe si sólo se quitó la capa y el chaleco o si se desnudó por completo, como Enkidu, el amigo fraternal de Gilgamesh, frente a los azorados académicos arropados en sus elegantes trajes negros.

Rainer María Rilke quedó atónito al leer algunos versos del poema. "Es estupendo; es una de las mejores experiencias que pueden ocurrirle a una persona". Y dicho por él , que tuvo experiencias extraordinarias con casi todas las pintoras y escritoras contemporáneas e incluso se dió el gusto de ponerle unos gloriosos cuernos al gran Nietzsche, es sin dudas un enorme elogio.

Las leyendas sobre el antiquísimo Gilgamesh empezaron a circular después de su muerte. Pero los primeros textos escritos se remontan al año 2100 a.C., en poemas referidos a temas diferentes. Después se reunieron varios relatos y recién en 1700 a.C., es decir, mil años posteriores a la desaparición del héroe, un sacerdote llamado Sin-leki-unini, concentró los materiales existentes y redactó en idioma acadio la versión que ha servido a todas las traducciones posteriores. Ese autor merece ser reconocido como el más culto, sabio e inteligente que engendró la alborada de la humanidad.

Se afirma que es la primera novela, con suficiente extensión y acertadas revelaciones sobre la complejidad humana. Crece del estado de ignorancia al de la experiencia, con descripciones descarnadas de la realidad. Gilgamesh es el rey de la fortificada y maravillosa ciudad de Uruk -con cuya brillante descripción empieza y termina el poema-, pero es un tirano que maltrata al pueblo con su fuerza descomunal, dos tercios divina y un tercio humana. El poema estimula desde el comienzo:

"Veamos dentro de la caja de cobre

que está marcada con su nombre.

Destraba su cerradura y ábrela, levanta la tapa.

Toma las tabletas en lapizlázuli.

Lee cómo Gilgamesh sufrió todo y logró todo".

Los dioses decidieron crearle un semejante que confeccionaron con el polvo de la tierra, llamado Enkidu. Vive como los animales entre los animales y es también poseedor de una fuerza imbatible. Gilgamesh se entera de su existencia, pero en lugar de salir a combatirlo, ordena a la sacerdotisa Shamhat que lo domestique mediante sus artes eróticas. Ese capítulo es calve, porque convierte el sexo en un instrumento al servicio de la civilización, y no dejará de serlo. Shamhat no es una vulgar prostituta, sino una sacerdotisa de Ishtar, cuyo templo ocupa una colina de Uruk. Durante siete días de incesante erección consigue transformar al desnudo y salvaje Einkidu en alguien que se corta el cabello, aprende a comer como los humanos, entiende las palabras y embellece su piel con aceites aromáticos.

"Ven, dice Shamhat a Enkudi, vamos a Uruk,

te llevaré donde Gilgamesh el poderoso rey.

Verás su ciudad grande y sus masivos muros,

verás a ese hombre vestido en su esplendor

con fino lino y enrulada lana,

brillantes colores, capa con franjas y anchos cinturones.

Cada día es un festival en Uruk

con gente cantando y bailando en las calles,

los músicos tocan liras y tambores

y hermosas sacerdotisas esperan frente al templo de Ishtar

enrojecidas de alegre sexo y listas

para otorgar placer a los hombres en honor a la diosa;

hasta los viejos salen de sus lechos".

Pero Gilgamesh tiene la autoridad concedida por los dioses ,o impuesta por su arbitrariedad y autoridad de desvirgar a las recién casadas en la noche de bodas, costumbre que se retomó en la Edad Media Baja con el nombre de "Derecho de Pernada". Llega Enkidu, que asombra por sus largas piernas y voluminosos brazos y, sin explicar la razón, por indignación o envidia, se traba con Gilgamesh en una lucha inesperada y feroz. Hacen temblar los muros y esconderse de miedo a los habitantes de Uruk. Su lucha, sin embargo, no es a muerte, es fraternal o erótica, porque después se serenan y el propósito de los dioses se ha cumplido: la compañía de Enkudi, su igual, ha transformado a Gilgamesh en un rey que ahora puede controlar su violencia.

La larga amistad de ambos crece y se regodea en cacerías, natación, bromas y visitas al templo de Ishtar. Surge en el poderoso Gilgamesh la ambición de inmortalizarse mediante el asesinato del monstruo que protege el Bosque de los Cedros. Ahí, el poema despliega un virtuoso muestrario de sentimientos contradictorios que llegan al presente, inclusive en los dramáticos instantes previos al degüello. Se refiere al prejuicio, la incomprensión, el ecosistema, las ganas de vencer, la tontería de matar, la misericordia.

Después también muere Enkudi, tragedia que derrumba de dolor a Gilgamesh. El poderoso rey marcha en busca de sabiduría para consolarse. Aunque sabe que tiene partes divinas, también sabe que va a morir. Una mujer le dice:

"Los seres humanos nacen, viven y después mueren

éste es el orden que han creado los dioses.

Pero hasta que el fin llegue, goza de tu vida,

gástala en felicidad, no en desesperación.

Saborea tu comida, transforma cada uno de tu días

en placer, báñate y úngete tú mismo,

vístete con ropas brillantes,

que la música y la danza vivan en tu hogar,

ama a tu hijos que tienes de la mano,

y dale placer a la mujer que abrazas.

Este es el mejor camino de vida para un hombre".

El poema se cierra de forma circular. Vuelve a describir a Uruk, pero es Gilgamesh quien habla ahora, al regreso de sus desgarrantes experiencias: "Esta es la muralla de Uruk, y ninguna ciudad en la tierra tiene otra igual. Mira sus fortificaciones que resplandecen como cobre a la luz del sol. Sube las escalinatas de piedra, que son más antiguas de lo que se puede imaginar. Acércate al templo Eanna dedicado a Ishtar, un templo que ningún rey ha igualado en tamaño y belleza. Observa las magistrales construcciones, las palmeras, los jardines, los huertos, los gloriosos palacios y las plazas públicas".

La borrosa firma es de un autor que merece profunda reverencia: Sin-leki-unini.

La epopeya de Gilgamesh, la primera que se tenga noticia como un relato hilado y coherente, es si nos abstraemos de los nombres y de los hechos mágicos, la historia de los sentimientos humanos.

Bueno es recordar ahora que hace 5000 años los hombres sentían como lo hacen hoy, que amistades, traiciones, engaños, mentiras, actos de increíble nobleza y valor, son iguales. Podremos haber llegado a la Luna, a Marte y haber sacado una sonda Mariner del sistema solar, pero los sentimientos básicos son los mismos y recién aceptando ese hecho es que podremos comprender actos que, en apariencia, son incomprensibles.



Autores consultados: Mitchell, Blum,Nietzsche, R.Mª.Rilke, Sin-leki-unini(transcripciones del Museo Británico)

Alvaro Kröger

viernes, 23 de febrero de 2007

El Negro Futuro Europeo

EL NEGRO FUTURO EUROPEO



De paso por Buenos Aires, el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso realizó una conferencia, señalando hace algunas semanas que, a su juicio, Europa parecía haber bajado los brazos o renunciado a desempeñar un papel importante y decisivo en el marco de la política mundial. Próspero en demasía en incontables aspectos, tormentoso y errático en muchos otros y francamente ensimismado en sus propblemas domésticos, se diría que el Viejo Mundo ha resuelto desoír toda demanda de auténtico protagonismo ante los dilemas planetarios, dejando ese espacio a otros que no tienen el nivel cultural ni el know-how histórico europeo. Veo asiduamente TV5, uno de los canales franco-belgas y allí le dan muchísima más importancia al cierre de una planta automotriz que a los problemas de Medio Oriente o a las catástrofes que asolan actualmente Latinoamérica.

¿Se trata de una opción tomada concientemente o de una resignada conformidad con el retroceso generado por una irrefrenable pérdida de autoridad moral? George Steiner, el célebre ensayista inglés, se inclina por esta última hipótesis. Recientemente, un sombrío diagnóstico fue elaborado por él bajo un título cautivante: La idea de Europa . Steiner es consciente de la grandeza pasada y de la miseria actual que singularizan el universo cultural del que con tanta solvencia forma él parte. Viendo ambas características e inquieto por los síntomas de desorientación generalizada que advierte, se interroga sobre el porvenir de Europa en el corto, mediano y largo plazo.

"La pesadilla de Europa -sentencia Steiner- han sido los odios étnicos, los nacionalismos chauvinistas, las reivindicaciones regionalistas." Su contraparte la encuentra en el aporte brindado por "innumerables organizaciones legales, económicas, militares y científicas" empeñadas en "alcanzar un grado cada vez mayor de colaboración y, en última instancia, de unión europea". Sin embargo, en algunas de esas modalidades promotoras de creciente integración, integración que ha llevado casi 150 años, una guerra franco-prusiana y 2 Guerras Mundiales, Steiner reconoce una asechanza mayor. "No hay nada que amenace a Europa más radicalmente - en las raíces - que la detergente marea de lo angloamericano, una marea que aumenta geométricamente, y los valores uniformes y la imagen del mundo que ese ´esperanto devorador trae consigo. Europa, en verdad, perecerá si no lucha por sus lenguas, sus tradiciones locales y sus autonomías sociales."

¿Cómo conciliar la integración mínima indispensable con la diversidad imprescindible? ¿Cómo promover y alentar el encuentro de las culturas sin caer en la uniformidad que aplana y prospera a expensas de los matices fundamentales? Hace ya mucho, recuerda Steiner, que Europa se encuentra descalificada para competir con los Estados Unidos por el liderazgo mundial. Incluso Asia, especialmente China, va camino de dejar atrás a Europa en "importancia demográfica, industrial y, en último término, geopolítica." ¿Por dónde pasa, pues, el camino que podría conducir a Europa a un futuro significativamente mejor? Steiner estima de vital importancia que "Europa reafirme ciertas convicciones y audacias del alma que la americanización del planeta - con todos sus beneficios y generosidades - ha oscurecido. No es la censura política lo que mata: es el despotismo del mercado de masas y las recompensas del estrellato comercializado. Ganar dinero e inundar nuestras vidas con unos bienes materiales cada vez más trivializados es una pasión profundamente vulgar, que nos deja vacíos". Al igual que tantas otras partes del mundo, Europa padece, además, una intensa fuga de cerebros a favor de los Estados Unidos. En esta pronunciada sangría advierte Steiner la sombra de la esterilidad venidera o la subsunción del Viejo Mundo en una realidad "de segunda mano".

Además debemos advertir también que esa prosperidad inaudita ha provocado que amplios sectores de la población europea occidental caigan en la lasitud, que quieran desempeñar labores usuales hasta hace tan sólo una generación: ahora lo hacen los inmigrantes o los europeos del este que inundan Europa Occidental. Entonces vemos así que el autóctono europeo occidental, culto y con inquietudes se vaya a USA. La prosperidad ha aplanado, ha ablandado a los habitantes de un continente que en los últimos 500 años ha colonizado el mundo, pero que las riquezas de esas colonias lo han, si no pervertido, si aflojado mucho.

Son muchas, según se ve, las preocupaciones europeas del notable escritor que pueden resultar de máximo interés para Latinoamérica. Después de todo, el influjo de la globalización, si bien con distintas intensidades, nos alcanza a unos y otros. Y si es cierto que ambos mundos - el europeo y el latinoamericano - son tan distintos, la incertidumbre acerca de la forma y la fortaleza que asuman nuestras respectivas culturas en el futuro no deja de ser un estímulo para empezar a dialogar entre nosotros con la sensatez y la renovada profundidad que las circunstancias ameritan. No sólo Latinoamérica, entonces, tiene mucho que aprender. Europa también debe aprender y sobre todo aprender a manejar sus minorías étnicas que le están complicando el panorama. Latinoamérica y en especial la cuenca del Plata siempre ha tenido como referencia a Europa desde el punto de vista cultural y es por esa razón que nos preocupa el lento pero constante e inevitable deterioro de Europa.

Referencias: Steiner,Pipes,Toffler, Le Monde, Paris-Soir

Alvaro Kröger

¿Es un mito o una realidad?

¿ES UN MITO O UNA REALIDAD?
¿ES REAL LA "OLA" IZQUIERDISTA EN lATINOAMÉRICA?

En varias investigaciones realizadas por organismos independientes y de diferentes partes del mundo muestran que todos los mandatarios de izquierda recién electos han necesitado "los votos del centro político para salir elegidos, porque no hay suficiente electorado de izquierda para ello"; y constatan que la izquierda "paradójicamente es mucho más débil que la derecha en la región", no habiendo ningún país que llegue a tener más del 34% de la población a la izquierda.

Lo más llamativo de éstos estudios es que llegan todos a la misma conclusión: punto más, punto menos en el porcentaje de la izquierda. ¿Que es lo que nos quiere decir ésto?. Por lo pronto que los pueblos latinoamericanos quieren un cambio. Por otro lado los partidos de "izquierda" han sabido capitalizar ese sentimiento, implementando un discurso demagógico, utópico y una vez encaramados en el poder no difieren de los denostados anteriores gobernantes; y es más, por ser nuevecitos en el poder y no saber cómo se hace política se equivocan muchísimo más de lo aceptable. Todas las promesas pre-electorales de todos los candidatos que han llegado al poder no han sido cumplidas; por el contrario se han ido modificando teórica y prácticamente hasta llegar al viejo axioma de "cuanto más ruido se haga menos se concretará".

El dictador de Venezuela , el mono bananero o pan troglodytes, después de las últimas elecciones nacionales, largó campanas al viento de que una "ola" izquierdista estaría barriendo la región.Pero, ¿que es una "ola" izquierdista?, ¿es un conjunto de tipos que no tienen la menor idea de cómo se debe insertar América Latina en el mundo? o por el contrario ¿es un sentimiento xenófobo? o tal vez son un conjunto de hombres que a lo único que aspiran es a perpetuarse en el poder sin la sana rotación de los partidos políticos. Sin embargo, los resultados de una reciente investigación, realizada en 18 países latinoamericanos, no reflejan el panorama presentado por el dictador Chávez, y muestran una perspectiva mucho más matizada y realista sobre el avance de las izquierdas, tal como se verá a continuación.

La primera constatación que hizo Latinobarómetro es que "la región en su conjunto se encuentra situada en el centro político, con un promedio de 5,4 en una escala de 0 a10, en la cual el 0 representa la extrema izquierda y el 10, la extrema derecha. Este dato no es de menor importancia: toda la parafernalia esquizoide de la extrema izquierda y en especial de los anarquistas demuestra sólo que están viviendo en una utopía (como siempre lo han hecho). Está demostrando este dato de Latinobarómetro que las cosas no son como las pintan los gobiernos sino que son bastante diferentes y que a punta de voluntarismo no se llega a ningín lado, en palabras comunes: "mucho ruido y pocas nueces".

Otro dato, éste de Cadal, dice respecto a un grupo de países que tiene la mitad de los electores situados en la derecha política: Colombia, El Salvador, República Dominicana, Honduras y Nicaragua; y otro grupo de países con la mitad de los electores en el centro político, y con la otra mitad dividida equitativamente entre izquierda y derecha: México, Guatemala, Perú y Ecuador.

Y nosotros añadimos que en todos los países "en los cuales se han identificado presidentes de izquierda", cada uno de los mandatarios necesitó "los votos del centro político para salir elegido, porque no hay suficiente electorado de izquierda para ello"; la izquierda "paradójicamente es mucho más débil que la derecha en la región", y no hay "ningún país que llegue a tener el 34% de la población a la izquierda", excepción hecha de Uruguay. Con respecto a ésta excepción me atrevo a decir que si hubiese elecciones hoy, el actual partido de gobierno perdería. Aquel 50.96% del año 2004 fue circunstancial, no fue por méritos de los candidatos del Frente Amplio, sino por divisiones en los partidos tradicionales y divisiones entre los partidos tradicionales. De cualquier forma, de todo se saca una experiencia: de una vez por todas se ven a los estadistas y a los meros politiqueros y de una vez por todas los uruguayos nos vamos a convencer que NO se puede vivir de demagogia solamente. Es necesaria una gran dosis de pragmaticidad.

Venezuela es considerada por todos los analistas como un caso "especialmente paradójico" porque con un 33% de personas en la derecha y un 40% en el centro, fue electo un presidente nítidamente de izquierda. Nicaragua también llama la atención de los analistas, una país donde el izquierdista Ortega fue elegido presidente, a pesar de una "mayoría de la población no votó por él" y, dentro de esa mayoría, "la mayor parte no se encuentra en el centro sino en la derecha".

En lo que dice respecto a Brasil, existen datos que los analistas políticos no mencionan, pero que confirman las observaciones sobre la debilidad de la izquierda. Antes de las elecciones nacionales, el presidente y candidato Lula llegó a negar públicamente que fuera "izquierdista"; y en una de sus primeras declaraciones después de haber sido reelecto dijo que él había ido evolucionando hacia el centro, añadiendo que personas con cabellos blancos que continuasen a la izquierda, estarían, según él, "con problemas" de adaptación.

Cepal y los analistas políticos tratan de explicar la "paradoja venezolana", y las demás paradojas latinoamericanas, explicando que la izquierda parece haber encontrado una manera de "conquistar al centro político" y, con ello, habría encontrado una puerta de entrada para llegar al poder por la vía electoral. Esta puerta de entrada, en la mayoría de los casos, es la corrupción lisa y llana; la compra de votos, la compra de voluntades.

No obstante la propia palabra "izquierda" ahora "es ambivalente", porque la izquierda de hoy "no es la misma cosa que era en los años 60, con los contestatarios revolucionarios que querían la dictadura del proletariado". En ese sentido, sobre los resultados electorales recientes "no se puede decir que constituyen un giro a la izquierda sin al mismo tiempo aclarar que esta izquierda es otra izquierda". Esta "izquierda" no es más que un maquillaje, hábilmente colocado, que encubre regímenes cuasi totalitarios, aboliendo todos ellos el Poder Legislativo, para imponer una Asamblea Constituyente que haga una Carta Magna acorde con las ansias de poder irrestricto y a perpetuidad.

Es sintomático y por demás una demostración histórica que el dictador de Cuba, Fidel Castro, representante prototípico de la vieja izquierda, sea el líder menos popular de las Américas.

El amplio estudio anual que fue realizado, si se proyecta estadísticamente, representaría la opinión de 400 millones de personas. Sus constataciones no han sido impugnadas hasta el momento y tienen la virtud de colocar en su debido lugar al mito de la "ola" izquierdista que supuestamente estaría barriendo América Latina, mostrando que la realidad latinoamericana es más matizada, y que si en éste momento están casi todos en la cresta, la realidad los va a revolcar en la orilla.

Fuentes consultadas: Cepal, Latinobarómetro, La Nación, Veneconomía, Cadal, Informes de la Oficina para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado de USA.

Alvaro Kröger

martes, 20 de febrero de 2007

Uruguay y el Cono Sur frente al eje Chávez-FARC

URUGUAY Y EL CONO SUR FRENTE AL EJE CHÁVEZ-FARC

NARCOGUERRILLA Y SECUESTROS



Hipótesis de conflicto



EL CONO SUR FRENTE AL EJE CHÁVEZ-FARC





Aunque en la actualidad, Sudamérica pasa por un momento sin precedentes en términos de la abolición de las hipótesis de conflicto interestatal tradicionales, nuevas amenazas -de un carácter hasta ahora desconocido- se ciernen sobre ella.



Una de las varias caras del proceso de globalización es la mundialización del delito.



En Colombia, el potencial colapso del Estado se potencia con nuevas organizaciones delictivas globalizadas (como la "mafia rusa"), que se suman al narcotráfico, la violencia insurgente, el trueque de drogas por armas, la industria del secuestro, y un nuevo populismo en Venezuela (cuyo caudillo es sospechoso de apoyar tácticamente la insurgencia colombiana).



El embate norteamericano contra las FARC y su principal fuente de financiamiento (la droga) es seguido por un aumento de la industria del secuestro (que es su segunda fuente de financiamiento). Y la debilidad de los aparatos de seguridad de los países de la región hacen de ellos los blancos probables de dicha industria en un futuro próximo. Emerge así una nueva hipótesis de conflicto, vinculada a las "nuevas amenazas".





LA HIPÓTESIS



Ya en marzo de 2001, el diario Ámbito Financiero informó que la gendarmería argentina estaba preocupada por el posible desembarco de grupos narcotraficantes y de organizaciones guerrilleras de origen colombiano a través de la frontera norte del país. Específicamente le preocupaba que, como consecuencia de la erradicación de cultivos cocaleros y el enfrentamiento militar generados por el Plan Colombia, tanto narcotraficantes como guerrilleros se replegaran hacia esas tierras australes. Al respecto, hubo conversaciones con los gobernadores de las provincias norteñas y con el embajador de los Estados Unidos.



Varios meses antes, la periodista Malú Kikuchi había tenido una entrevista con una alta autoridad del gobierno argentino, quien le confesó (después de cierta insistencia) que estaban ingresando armas de contrabando por la frontera del Noroeste. La Sra. Kikuchi dijo con énfasis: "¡estamos hablando de armas de las FARC!", y el funcionario asintió. No obstante, le quitó relevancia al tema diciendo que el flujo era pequeño y controlable, y que después de todo siempre había contrabando de armas. Dijo que existía un "foco minúsculo". Frente a la pregunta sobre qué medidas se habían tomado para eliminar el incipiente problema, el funcionario dijo que el gobierno estaba "apagando demasiados incendios en demasiados frentes" como para ocuparse del asunto. Quedó claro que la entrevista era on the record.



Aun antes de eso, Juan Tokatlián, especialista en relaciones internacionales argentino dos veces expatriado, una vez huyendo de la violencia argentina de la década del '70, y la segunda vez huyendo de la colombiana, para abandonar su país de adopción y regresar al nativo. En esa ocasión, Tokatlián dijo que en su opinión la Argentina era un país ideal para el establecimiento de una industria del secuestro a-la-colombiana, por las deficiencias y corruptibilidad de sus organismos de seguridad.



En verdad, los secuestros están aumentando fuertemente en Colombia y ya se están derramando a países contiguos, debido a que la destrucción de campos cocaleros priva a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) de parte de sus ingresos, y esto se compensa aumentando la otra fuente de ingresos: los rescates de secuestros.



Si en la Argentina existen condiciones propicias, es probable que lo intenten aquí en connivencia con grupos locales. Eso es lo que hacen en Bogotá, donde las FARC no tiene poder propio: secuestran a través de bandas de delincuentes comunes a las que subcontratan, dividiéndose la ganancia (30% para la banda, 70% para las FARC).



Las FARC tienen cómplices poderosos en Colombia y otros países. El "chavismo" venezolano es fuertemente sospechoso de brindar apoyo a sus hermanos "bolivarianos" de la guerrilla colombiana. Y la trama de vínculos entre altos funcionarios corruptos, traficantes de armas, narcotraficantes y mafias diversas, incluyendo la rusa, es una pesadilla que no escapará a nuestra atención, y que no será fácilmente derrotada por el Plan Colombia, al menos tal como viene enunciado. Ya cayó un gobierno sudamericano, el de Alberto Fujimori en Perú, por la triangulación de armas de origen ruso, legalmente compradas por el gobierno peruano al de Jordania y luego transferidas a las FARC.



El rompecabezas y la trama que se va revelando, inexorablemente conduce a una gravísima hipótesis de conflicto: consideramos que (coincidiendo con Tokatlián) es altamente probable que las FARC exporten su industria del secuestro a la Argentina y a otros países.



Chile probablemente esté mejor protegido porque sus FFAA mantienen su moral y su capacidad operativa. Pero en la Argentina y demás países es probable que se avecinen días siniestros.





EL CONOSUR FRENTE AL EJE CHÁVEZ-FARC



Los intocables



En octubre de 2000, mientras se desarrollaba la visita de Estado a la Argentina del entonces presidente colombiano Andrés Pastrana, un centenar de activistas de izquierda atacó con piedras y bombas de estruendo la fachada de la embajada de Colombia, causándole serios daños e hiriendo dos policías. Los atacantes (algunos con pasamontañas) se habían desprendido de una manifestación convocada por la "Comisión Argentina Contra la Intervención en Colombia", que protestaba contra la presencia de Pastrana en el país y contra el Plan Colombia. A pesar de la violencia y destrucción producida por los autores del ataque a la embajada de Colombia, la Policía Federal informó al diario La Nación que no hubo detenidos por los disturbios. La mayor parte de la prensa argentina no informó sobre el suceso.



La tolerancia de la violencia política de grupos insurgentes y afines inevitablemente engendra más violencia política, y contribuye a gestar las condiciones de polaridad que muchas veces desembocan en abusos de parte del Estado mismo. Para evitar la emergencia de tales circunstancias, es imprescindible reprimir legalmente toda violación de la ley, particularmente cuando se trata de un ataque a una embajada, que daña su fachada y hiere dos policías.



Pero el hecho no puede sorprender cuando es del dominio público que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que cuentan con 17 mil combatientes en su país y dominan el 40% del territorio colombiano, tienen representantes para-diplomáticos que entran, se pasean y salen de cada país como si fueran pacíficos turistas. El gobierno argentino anunció que estudia la posibilidad de prohibir el ingreso al país de miembros de las FARC, pero dicho "estudio" no se tradujo en medidas concretas, de manera que el comandante Javier Calderón (que integra la Comisión Político Diplomática del grupo insurgente) ha podido recorrer territorio argentino y uruguayo, conceder entrevistas a medios de la prensa y lucir su uniforme de guerrillero. El mencionado delincuente es vocero de las FARC y acusa al gobierno colombiano de ser "terrorista".





OTRO SACERDOTE GUERRILLERO



Hay una extraña tolerancia hacia la presencia de representantes de esta peligrosa guerrilla que mantiene en jaque al Estado colombiano desde 1964 y está involucrada con el narcotráfico y la industria del secuestro. Pero no son Argentina y Uruguay los únicos países que han demostrado timidez frente a esta organización. En septiembre de 2000, otro de los voceros de las FARC en Brasil, el comandante Francisco Antonio Cadenas Collazos, un sacerdote-guerrillero que según las fuerzas de seguridad argentinas ingresó también varias veces a este país, fue arrestado en Foz de Iguazú. Cadenas Collazos, que usaba en Brasil el nombre de "Oliverio Medina", había residido en ese país cinco años antes de ser detenido. Durante ese período se comportó como el representante diplomático de las FARC, encontrándose con docenas de legisladores en Brasilia, visitando universidades, y cultivando una amistad con el célebre arquitecto Oscar Niemayer.



En Foz de Iguazú el "Padre Oliverio Medina" fue apresado como un "peligro para la seguridad nacional". Los brasileños se habían alarmado ante las posibles repercusiones para ellos del Plan Colombia. Aunque el mismo apresado, en su carácter de representante oficial de las FARC, había dado las seguridades, antes de su arresto, de que su guerrilla no invadiría territorio brasileño (decisión que dijo se había tomado en 1993, "en el transcurso de la 8ª Conferencia Nacional de las FARC"), Brasil no tiene ninguna garantía de ello. De hecho, han habido incursiones guerrilleras del lado brasileño de la frontera. Además, frente a ofensivas de las FARC, las tropas regulares colombianas se han visto forzadas a refugiarse del lado brasileño: el territorio brasileño ya ha sido escenario de la guerra civil colombiana. Por otra parte, subsiste la espinosa cuestión (indeseable para el gobierno brasileño) de si no habrá un flujo hacia Brasil de población civil colombiana de la región fronteriza, en caso de que el ejército colombiano con ayuda norteamericana ataque frontalmente a las FARC en dicha región. Obviamente, con los campesinos refugiados también podrían ingresar guerrilleros.



Además, de hecho la guerrilla ingresa pacíficamente al territorio brasileño para abastecerse de productos de todo tipo, desde víveres hasta productos químicos para la elaboración de la cocaína. Cada vez más, cuando se captura un laboratorio de las FARC, se encuentran etiquetas en portugués de productos químicos provenientes de Manaos. Y a la vez que mucha droga colombiana sale por Brasil, por este país entran también armas para las FARC.



Brasil ya es, en más de un sentido, parte de la economía y la logística del narcotráfico y de la guerra civil misma. Tiene sobrados motivos para detener y deportar a los delincuentes subversivos colombianos que pretenden arrogarse un status diplomático. Pero la captura de Cadenas Collazos fue todo un escándalo para algunas organizaciones que pretendidamente defienden los derechos humanos, que argüían que éste no había cometido delitos en Brasil, como si la comisión del delito de insurgencia en Colombia, acompañado por la trayectoria guerrillera que lo catapultó al rango de comandante de las FARC, no fuera razón suficiente para extraditarlo o deportarlo a su país. Especialmente desde Suecia, donde las propias FARC tienen instalado un sitio de Internet a través de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL), se lanzaron "desesperados" pedidos de ayuda para la liberación del "Padre Medina".



La Cuarta Internacional también fue muy activa en la campaña por la liberación de este sacerdote, guerrillero y diplomático de múltiples identidades. Encontrar noticias sobre la resolución del trámite judicial en Brasil, sin embargo, resulta difícil. La prensa informó sobre la captura de Cadenas Collazos, pero casi ningún medio dijo nada sobre su liberación, concretada el 16 de octubre de 2000 por orden de un juez federal de Foz de Iguazú, que restableció su derecho de residir en Brasil. Nuestra única fuente fue un breve comunicado del World Socialist Web Site, que a su vez cita un comunicado de las FARC del 17 de octubre y un cable de "Vientos del Sur-Interactivo" transmitido por AFP, del 18 de octubre de 2000.



En su declaración judicial, Cadenas Collazos (alias Padre Oliverio Medina) manifestó que "su principal función es buscar el reconocimiento de Brasil a las FARC, porque son un Estado paralelo que gobierna Colombia". Este dicho converge con el de Javier Calderón a un periodista de La Nación en mayo de 2000, en el Aula Magna de la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde su presencia (auspiciada por organizaciones estudiantiles de izquierda) fue profusamente anunciada en las paredes con varios días de anticipación: "Las FARC son un partido en armas en lucha por el poder. Somos un Estado dentro del Estado. Tenemos, de hecho, el reconocimiento como fuerza beligerante y pretendemos que lo sea de derecho. En este marco nadie nos puede negar poseer nuestra propia representatividad ante el mundo y llegar a todos lados para explicar la verdad de lo que somos. Esa es nuestra función político diplomática (...)".



Por otra parte, Cadenas Collazos reconoció sus contactos con el movimiento brasileño "Sin Tierra", lo que deja abierta la pregunta de si no aspirará a que ese grupo insurgente campesino sea también (como lo son pretendidamente las FARC en Colombia) un "Estado paralelo que gobierna" Brasil. Aunque este desenlace está lejos aún, no hay ninguna duda de que enfrentamos un movimiento que extiende sus tentáculos internacionalmente, y que mientras en Europa puede buscar sólo apoyos logísticos y diplomáticos, en América latina ansía expandirse y representa un problema para la seguridad y un factor desestabilizador para las democracias de la región.



A la vez (y esta es la paradoja) siempre que exista voluntad política, fuera de Colombia son legalmente controlables y reprimibles, porque en su país son delincuentes. Pero es evidente que tal voluntad política no existe.



Brasil pudo lanzar su "Operativo Cobra" para intentar cerrar militarmente su extensa frontera con Colombia, a sabiendas que las FARC dan apoyo logístico a los Sin Tierra, pero liberó al "Padre Oliverio Medina", casi como si temiera la ira de las FARC, a pesar de que esta organización ya atacó bases militares brasileñas en la frontera. Y la justicia argentina ni siquiera osa dar el primer paso de detener (para luego deportar) a Javier Calderón, a pesar de la protección que dan las FARC a los productores de coca de su país, a pesar de las ganancias que reciben de traficantes y de secuestros, y a pesar de su reconocida actividad en la triple frontera argentino-brasileña-paraguaya.





Aclaración sobre el nombre del "cura-guerrillero":



El nombre auténtico del sacerdote-guerrillero, comandante Francisco Antonio Cadenas Collazos, "Padre Oliverio Medina", ha sido registrado de diverso modo por la prensa del mundo, aunque lo más frecuente es Cadenas Collazos.



En un primer momento Clarín lo registró como "Francisco Cárdenas", nombre que curiosamente coincide con el del juez federal colombiano que sobreseyó a dos notorios cabecillas del cártel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria y José Gonzalo Rodríguez Gacha, acusados de asesinar al fiscal general del Estado, Pablo Hoyos (cable de The Associated Press) .



Un cable de World News Connection lo llama "Cadenas Collazzo".

Los boletines del World Socialist Web Site (WSWS) lo llaman "Cadenas Colazzos".





En una entrevista publicada por La Nación Javier Calderón ratificó estos hechos: "El oficialismo sabe que estoy en la Argentina y sabe qué hago porque me he reunido con gente importantísima del Gobierno, de la que no puedo dar los nombres... (También me reuní) con sindicalistas, que excepto Carlos 'Perro' Santillán, nada tienen que ver con el gremialismo de Colombia, que es más combativo (...). (Me reuní) con Raúl Alfonsín y con legisladores de la oposición y del oficialismo". El vocero de Alfonsín, Federico Polak, confirmó la reunión. Calderón venía de participar en Salta en un acto organizado por la denominada Comisión de Solidaridad con los Pueblos Latinoamericanos, donde reclamó el apoyo de la región y en especial de los argentinos a la lucha de las FARC. Y frente a la pregunta de la cronista "¿Cómo se conciben el asesinato y el secuestro?", Calderón no encontró mejor respuesta que decir: "Secuestramos por política".

Lourdes Pagani